Desde mi batea

La otra plaza de San Francisco

A nadie le cabe la duda que el Carnaval de Cádiz es una fiesta de prestigio nacional. La culpa de ello la tienen, por encima de todos, los propios gaditanos, que han creado un producto de alta calidad a base de ingredientes, bien combinados, como el humor, la ironía, la crítica y la emoción. Aparte de que el producto es bueno, además se ha sabido vender hacia fuera; las primeras exportaciones eran sencillas, en autobuses de línea o en trenes expresos que llevaban a Madrid y a toda España a unos ilusionados escarabajos que todos llamaban 'Los Beatles de Cádiz'. Más tarde, con la llegada del Telesur y después Canal Sur la difusión exterior experimentó un auténtico boom.

Siempre las agrupaciones gaditanas, tras el concurso, habían salido de Cádiz para cantar en distintas ciudades de la provincia, región e incluso España y aquello era motivo de orgullo y signo de la calidad que atesoraba dicha agrupación, pero de un tiempo a esta parte empiezan a surgir voces reclamando que las comparsas y chirigotas se queden en Cádiz los los días de carnaval, pero sobre todo que no vayan a Sevilla el primer sábado de carnaval.

Como dijo en su artículo mi amigo Javi Osuna, la historia de amor carnavalesca de Sevilla con Cádiz no es flor de un día, sino de cientos de años. En nuestra época moderna, considerando a la misma desde la vuelta de los carnavales al mes de febrero, recuerdo los festivales que se organizaban en Sevilla en el Teatro Lope de Vega, donde las mejores agrupaciones de nuestro carnaval llenaban en los días que se celebraba dicho teatro. Más tarde, el gaditano Emilio Aragón, propone al director de la Obra Social de la Caja que se organice un acto carnavalesco con los primeros premios de Cádiz en el salón de actos de su sede central en la Plaza de San Francisco de Sevilla. El salón con aforo limitado para 400 personas en seguida se quedó corto, era tal la petición de entradas que el bueno de Emilio pensó que tendría que buscar un sitio más acorde con la gran demanda de los aficionados sevillanos. Entonces surge la idea de que porque no sacarlo a la Plaza y montar allí un tablao, como los de Cádiz. De ahí surgió en 1996 lo que es hoy esa gran plaza el primer sábado de carnaval.

Mi coro '¡Oh! Cádiz' ese año fue segundo estuvo allí actuando ante miles de sevillanos y realmente nos dimos cuenta de la trascendencia de esta fiesta. No sé explicar lo que representa para un gaditano ver y sentir el cariño de un pueblo que no es el tuyo hacia tus cosas, con el cariño con que te tratan, como te escuchan, como te ovacionan, el orgullo que sienten porque en su tierra puedan escuchar a las mejores agrupaciones de Cádiz, eso no tiene precio.

Me duele escuchar cómo se ataca a una ciudad que año tras año demuestra su cariño a todo lo gaditano ¡No pequemos de gaditanismo mal entendido, ni seamos talibanes! Salir una tarde a llevar las señas de identidad de nuestro pueblo a otros lugares no nos hace ningún daño, nos abre la puerta de la confraternidad y el cariño con otros pueblos y ciudades hermanas.

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