un corista

Cómo han pasado los años

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ESTA tarde, charlando con mis hijas, me han venido a la memoria un montón de recuerdos que parece que has olvidado pero que van saliendo a flote con la conversación. Y ahí están. Presentes como si fuera ayer cuando los viviste.

Yo no soy, ni mucho menos, de los que piensan que cualquier tiempo pasado fue mejor pero sí tengo claro que hay cosas que claramente han mejorado y otras que no. Incluso algunas han desaparecido por desgracia.

Me he acordado de aquellos escaparates adornados con los bocetos de las agrupaciones que todos veíamos con interés. Hoy muy pocos o ninguno lo hacemos y a lo mejor había que recuperarlo a pesar de interneses, facebook y otras zarandajas de la red.

Recuerdo los pasacalles de todas a las agrupaciones caminito del Falla y después a la salida e incluso las broncas que le formaban a los que no lo hacían. Hoy pocas son las que lo hacen y cuando es así, para mí, la calle cobra un regusto especial. Ojalá todos volviéramos a hacerlos.

Me he acordado, y de esto no hace tanto tiempo, de la época de ensayos generales gloriosos cuajados de aficionados locos por escuchar lo nuevo. Y de los buenos y pasados momentos de Pestiñás, Ostionás y Erizás cuando eran atracción inexcusable de fines de semana previos al gran concurso. Dios quiera que volvieran por sus fueros, pero me temo que será difícil si la imaginación no aparece.

Y del primer sábado de Carnaval, cuando todos los coros estábamos locos por salir por primera vez con su carroza. Público escuchando, buen ambiente, mucho disfraz ocurrente. Vamos, un auténtico, lejano y perdido sábado de Carnaval, me temo que casi irrecuperable si entre todos, incluida la autoridad municipal, no nos lo proponemos. Mis hijas, que no los han conocido, se quedaban sorprendidas por las historias de espectaculares bailes de disfraces en el Falla. Vaya noches de fiesta. Me temo que tampoco volverán, lo mismo que me temo que algunos se echarán las manos a la cabeza por lo que he dicho. Pero a mí me gustaban, he disfrutado mucho de ellos y me encantaría que volvieran.

Mil recuerdos imborrables que ahora sería largo enumerar.

Pero lo que sí me ha puesto la carne de gallina es cuando he echado la vista atrás y recuerdo la cantidad de gente que he conocido en mi fiesta. Gente tan enamorada como yo de Cádiz que han luchado por lo suyo con la misma vehemencia que yo. Gaditanos que se han dejado la piel para cantarle a su tierra y a su pueblo. Auténticos copleros que han llevado el Carnaval al lugar en el que está hoy.

Pero han pasado los años y, es verdad, las vueltas que da la vida. La de energía y fuerzas que hemos dejado en el camino.

Me encantaría volver atrás y poder pelearme de nuevo con gaditanos que por desgracia ya no están. Echar con ellos otro ratito de tangos en El Palillero o en La Plaza. Poder decirles lo mucho que los admiraba aunque nos hubiéramos puesto de vuelta y media. Pero es imposible y lo siento.

Lo mismo que me gustaría que todos disfrutáramos de la misma fuerza que hace años pero el tiempo no perdona y las goteras aparecen. Que no daría yo por retroceder algunos años y volver a esas peleas encarnizadas a base de tangos y lo que no son tangos con algunos amigos que no se encuentran en buenos momentos. Porque gozáramos de toda la fuerza para no preocuparnos de nada más. Pero es imposible. La rueda sigue girando y es complicada de parar.

Este pasado año que no ha sido bueno para la gente del Carnaval nos ha traído malas noticias copleras. Algunos se fueron y otros continúan con sus problemillas. A los que no están mi cariño desde aquí. A los que continúan con su lucha, mi fuerza y la de todo mi coro para volvernos a encontrar pletóricos en las tablas del Falla y en la calle.

Seguro que el Dios Momo y la Bruja Piti mandan un vendaval de energía para toda mi gente del Carnaval. Se la merecen.

Salud y a cantar.

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