en el ambigú

Con papel de fumar

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DEFINITIVAMENTE aquí no tenemos término medio. Pasamos del todo a la nada con la misma normalidad con que nos pintamos dos coloretes en la cara en la semana de Carnaval. Presumimos de ser la cuna de la libertad (página 128 del libro de los tópicos gaditanos) y de que nuestro Carnaval es la fiesta de la libertad (véase página 240 de ese mismo libro) a prohibir cada vez más y más cosas y enconsertar cada vez más un concurso que se ahoga ante la falta de frescura y aires nuevos. En los últimos años se está produciendo un fenómeno casi de dictadura para todo aquel que quiera participar en el COAC. El último exponente, las siete descalificaciones a grupos por haber cantado en otros certámenes mientras duraba el concurso gaditano. Y más que pueden ser. Una media tan caprichosa como innecesaria y absurda.

El otro día nos preguntaba Juan Manzorro a mi vecino de página y a mí sobre este hecho durante la retransmisión de la última función de preliminares. Días antes, en el facebook de un autor de Carmona se abrió este debate, en el que creo que siempre, absolutamente siempre, sale perdiendo nuestra fiesta. El jurado se limita a aplicar un reglamento en el que creo que este artículo está de más. Porque, ¿a santo de qué el Carnaval de Cádiz se erige en una suerte de gran hermano del resto de certámenes de Andalucía? ¿Por qué el Patronato o el jurado deben ejercer de una especie de comisarios políticos de las coplas? Y todo para que nadie cante en otros concursos mientras participa en el de Cádiz. No autoerigimos en el imperio de las coplas. Y como todo imperialismo ejercemos una dictadura y un poder mal entendido que no conducen a nada.

Porque creo que hay que exigir en el reglamento que la obra, el repertorio, las coplas, o cómo queramos llamarlo se estrene en el Falla en el Concurso de Cádiz. Pero de ahí a que nadie pueda participar en otro concurso después va un mundo. Es una medida caciquil que no lleva a nada. Como en la mafia: o conmigo o contra mi. Y ahí está el Patronato y el Jurado del Falla haciendo de familia de la cosa nostra y el presidente del jurado obligado a meterse en el papel de un Vito Corleone de la vida que para nada le pega, lo necesita ni quiere.

Porque lo único que se pretende con esto es quedar de chovinistas. De pijoteros. De cogérnosla con papel de fumar. ¿Qué ganamos con todo esto? ¿Qué conseguimos tratando de impedir que nadie que pise las tablas del Falla pueda volver a cantar en otro certamen hasta que deje de estar 'vivo' en el COAC? Respuestas me vienen varias. Una, que conseguimos incordiar, por no utilizar otra palabra, a las agrupaciones que se han llevado mucho tiempo ensayando y a las que queremos impedir que puedan disfrutar de ese repertorio haciendo simplemente para lo que se sale en una agrupación: cantar las coplas. Insisto que yo siempre pensé que el carnaval era libertad. Justo lo contrario de lo que transmite éste y otros muchos apartados del reglamento del concurso que se centra en pijadas que nada aportan a nuestra fiesta.

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