Desde mi batea

La mano del cocinero importa

Dándole vueltas al coco después del gran rato que pasé escuchando a la chirigota del Lupo que parodiaba la figura de los directores de comparsas, me di cuenta de la labor de los directores de las agrupaciones y me vino a la mente eso que tantas veces he oído sobre la cocción del marisco… Me explico, un marisco de regular calidad, se deja comer si se cuece bien, y por el contrario, el mejor de los mariscos en bruto queda arruinado si no se tiene la habilidad y el conocimiento para cocerlo con mimo. Trasladando esto al mundo del Carnaval, todos sabemos que han existido grandes repertorios que no han sido aprovechados por algunos grupos, perdiendo sus posibilidades de éxito, debido a una mala dirección y en cambio, han llegado repertorios de menor calidad que han sido tan bien defendidos por los intérpretes, que han dado mejores frutos gracias a la labor del director de turno. Con esto no trato de quitarle importancia al autor, ya que sin él no existiría ni el grupo ni el director, pero sí recordar a una serie de directores, que dejaron su impronta en muchas agrupaciones. Esos directores que supieron sacarle a cada componente lo mejor que llevaban dentro para lograr una agrupación memorable. Recordaré a algunos, quizás los más conocidos, que me perdonen los que no nombro pero solamente tengo esta pequeña columna para rendirles un pequeño homenaje. Me baso simplemente en nombrar a los que me emocionaron en cualquier momento sobre las tablas del Falla. Entre mis primeros recuerdos tengo a Manolito El cariñoso, director de "Los Mayordomos" primera comparsa de Antonio Martín. No puedo pasar por alto a Jesús Monzón, mítico director de la comparsa "Nuestra Andalucía" y magnífico segunda de muchas otras comparsas de la Peña que lleva ese nombre. Otro de los grandes, Pedro el de los Majaras, poco más se puede decir de alguien que, todavía hoy, es de los que emocionan cuando está sobre las tablas. Mi recuerdo también para Manolo Moreno, que sin aspavientos, movía esas manos con maestría haciendo que la mirada del aficionado quedara imantada hacia él. La familia Catalán tanto Antonio, Catalán Grande, quizás el que más me emocionó, como Pedro, Catalán Chico, que se echaba a la espalda a su comparsa y su interpretación levantaba al público de sus asientos. (Creo firmemente que el primer premio de 'Ángeles y Demonios', en gran parte, se debió a su gran interpretación). Repito que corro el peligro de olvidar a muchos pero también me acuerdo de Juanelo, en esa gran comparsa de Miguel Villanueva 'Las Coplas'; de Pepe El Caja, director durante años de comparsas de Antonio Martín y Pedro Romero; de Faly Mosquera, estandarte de la escuela de Enrique Villegas, que además de gran segunda consigue que los grupos suenen compactos y magníficamente afinados; de Ángel Subiela, que pasará a la historia de nuestros carnavales por su labor al frente de las comparsas de Antonio Martínez Ares.Con estas letras lo que quiero dejar claro es que si los repertorios son los alimentos de mejor o peor calidad que los aficionados degustan, los directores son los jefes de cocina que con sus manos hacen que el producto llegue a la mesa de la mejor forma… Y su mano importa, y mucho.

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