DOÑA CUARESMA

Algo huele a podrido

POR mucho vino remontado que tengan que orinar los carnavaleros, poco a poco se irá desvaneciendo el agrio olor a meados con el que han empañado esta tacita de plata, y volverá el aroma de los azahares a la plaza de San Francisco cuando asomen las cruces de guía.

Por mucha peste que hayan esparcido por Cádiz los comparsistas, que llevan diez días con el mismo traje, las purificadoras vaharadas del incienso que precede a los pasos limpiarán el aura gaditana, y la ciudad vivirá su fiesta más hermosa, honesta, limpia y señorial.

Poco vigor le quedan en los camerinos del Falla a los hediondos pedos de los comparsitas. Muy pronto, con el pregón, el patio de butacas olerá a limpio, ocupado por lo mejor de Cádiz.

El portuario pestazo de los ostiones desaparecerá con la delicada fragancia de la canela del arroz con leche, del meloso moscatel que aromatiza las torrijas, y del estimulante quemado de la cera virgen.

Nada me agrada más que darle las gracias a Dios por lo bien que huele Cádiz en Semana Santa, y no comprendo qué pecado ha cometido esta ciudad para que despida esta peste a retrete en Carnavales.

¡Horror! ¡Qué mal huele! Parece que viene de debajo de ese paso. Alguien ha levantado los faldones... ¡Oh Dios Santo!

¡Son los mismos!

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