El vigía

Los herederos

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Está en boca de algunos, desde hace no mucho tiempo, la cantinela de la supresión de una de las voces más características de nuestro folklore: el bajo en los coros de Carnaval. Estos vienen argumentando que no es una voz necesaria y que a su vez, amarga lo que canta el resto. Nada más lejos de la realidad. El problema viene cuando los componentes de esta cuerda no saben afrontar la entonación por la no aptitud de quien los ensaya y dejan a estos al margen de la afinación del conjunto, produciéndose así casos en los que resulta molesta y desagradable.

Lo que si está claro es que cualquier sonido desentonado es deleznable para cualquiera, incluso para el oído musical menos afortunado, no solamente en las gargantas de los bajos sino también en la de los contraltos de las comparsas y chirigotas, sin que por ello pensemos eliminar a estos de sus modalidades. No debemos, por tanto, meter a todos en el mismo saco y hacer justificable el considerarlos como "el patito feo" de la música de Cádiz. Sería como si, por su condición de voz abaritonada, acusáramos a Frank Sinatra, Lehonard Cohen o al mismísimo Carlos Gardel de ser pésimos cantantes.

A principios del siglo pasado hubo grandes bajos en el mundo de los coros, como Manuel Clemente, 'Toribio', que gozaba, según cuentan, de un canto cálido que llenaba de musicalidad cualquier copla que interpretara un grupo. También, por supuesto, 'El Batato', Francisco Guzmán, que además de ser director, poseía gran calidad como bajo, reconocida por compañeros y rivales. Hoy en día existen muy buenos continuadores de estos ejemplos pero mientras en el coro en general se ha avanzado musicalmente, en este asunto se ha quedado algo desfasado. Hay que reconvertir y no destruir, pues tenemos un personal muy válido.

Como consejo, me permito dictar tres normas básicas para constituir un buen bajo: cantar la melodía y no limitarse a la repetición, que la potencia no esté reñida con la afinación, siendo este error muy común y, por último, practicar el canto frente al espejo para corregir los gestos, de esfuerzo sobrehumano, que hacen algunos de los componentes de dicha cuerda .

Bromas aparte, lo que sí sería importante es mostrar respeto por este tema y no dejarse llevar por la corriente, pues los que defenestran a estos compañeros son los mismos que opinan que el coro aburre o que el tango se ha estancado aunque después se demuestra, como ocurre este año en el final del popurrí de 'Los tangueros', que es la única composición capaz de arrancar palmas y levantar al público de sus asientos por sus propios medios, sin fanatismos ni la ayuda de nadie.

De momento la labor está en conseguir cantera para esta "voz peculiar autóctona" de Cádiz y animar a los que ya están en ella, pues su trabajo es tan difícil y escasamente valorado que muy pocos se atreven a hacerlo.

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