Un corista

Mi familia carnavalesca

LA próxima vez que aparezca en esta columna será primer Domingo de Carnaval y estaremos todos con la resaca de un concurso, posiblemente, muy largo y, seguro, no exento de alguna polémica en el que sólo quedarán contentos, como siempre, los que ganan. Y una resaca aún mayor tras un sábado de Carnaval que no gusta a casi ningún gaditano y al que cada vez que miro el calendario y veo que se acerca la fecha, más mieditis le tengo. No lo puedo evitar aunque estoy loco por verlo llegar.

Para alcanzar ese día deberán pasar noche de navajitas largas, como la de hoy, noche de cuchillos largos como la del próximo miércoles y el temido veredicto del Jurado. Muchos y pocos días que aún deben pasar para que mi gente, mi familia en Carnaval, cante la traca final de un año carnavalesco maravilloso pero también cansado.

Y a esa gente (familia) que me acompaña a todas partes y sin las que yo no soy nada les quiero agradecer el enorme esfuerzo que han tenido que realizar para terminar las cosas con mucha dignidad. Y no me refiero a nuestro coro que ya de por sí es un trabajo de muchas horas todos los años. Me refiero al sobreesfuerzo que significa estar en una competición y al mismo tiempo jartarse de ensayar porque tu ciudad os ha nombrado pregoneros de su fiesta más grande.

Desde el primero hasta el último se han dejado la piel y la voz en el camino y, aunque al final yo sea quien da la cara, nada sería posible si ellos no hubieran querido hacerlo con todo el cariño del mundo.

Todas las voces, la orquesta, los amigos de otros años que se han sumado a nosotros y no sigo porque desvelaría algunas sorpresas han sido auténticos coristas y gaditanos que han estado muchos días a cuatro horas de ensayo. Dos del coro y dos del pregón de su tierra. Cuatro horas de aprenderse más de dos repertorios (y nosotros no solemos hacerlos facilitos) con las neuronas a tope, con las voces cargadas y cansados porque el esfuerzo se nota.

No quisiera olvidarme de nadie pero sería injusto no decir que Antonio Rivas se ha volcado con su coco incomparable. Que Juan Lucena ha sido un coordinador magnífico con su enorme veteranía. Que mi hijo Julio se ha dejado cientos de horas de ensayo de una orquesta incomparable y dirigiendo musicalmente, junto a mí, un espectáculo complicado. Que mi gente de siempre; los Juan Rivero, Manolo Mayo, Félix, Juanlu, los Gijón, Chulian, Pelu y TODOS se han puesto manos a la obra para que Cádiz tenga el día 5 de marzo el pregón que se merece. Lo digo sin peloteo y sin blandenguería, SIN ELLOS NO HUBIERA SIDO POSIBLE.

No sé si gustará o no. Espero que sí. Pero si hay algo que a alguien no agrade, que nadie le diga nada a ellos porque se han entregado a muerte por su Carnaval.

Con gente así, como mi familia corista, los que han querido sumarse y que nunca me han dicho que no, los de Cádiz, los de fuera, con el equipo técnico y de producción y los que me guardo, se pueden hacer muchas cosas que no tiene porque ser costosas porque el cariño no se paga.

Si algún aplauso nace la noche del sábado de Carnaval en San Antonio que sea para ellos y para todos los coros de Cádiz porque se lo merecen de corazón. Se merecen eso y más pero la cosa está cortita.

Como allí no podré darles las gracias a cada uno de ellos, hoy, desde aquí, les entrego mi agradecimiento y mi veneración. NO TENGO COMO PAGARLO AMIGOS.

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