canelo y yo

Una especie en extinción

NO hay derecho. Se están perdiendo los gordos en la filas de delante de las comparsas. En esta maldita sociedad, donde la gente cuida más la imagen, la estética y el culto al cuerpo que su cultura, su respeto a los demás y su propio interior como persona (típica excusa de gordo), esto se puede considerar normal. En otras palabras, se veía venir. Salvo honrosas excepciones, como la querida comparsa de los gitanos del Puerto que este año no sale por ciento, raro se hace el encontrar a un gordo en la primera fila de alguna de las comparsas punteras.

Este año, sólo recuerdo a Ezequiel Benítez, de la comparsa de Juan Fernández, un buen chaval que canta que quita el 'sentío' y al que tuve el placer de conocer cuando estaba con la comparsa de los gitanos, otrora paraíso del gordo. Gracias Juan por no privarnos de esa voz y cuidar esta especie tan nuestra que se nos extingue: el comparsista metidito en carnes. Pero aun así, estimado Juan, tengo que criticarte, porque no lo has puesto en el centro, sino en la punta prensa, allí, lejos, apartado, como si fuera un paragüero del Ikea. El sitio de los gordos debe ser el centro. Te lo digo por los tablaos. :)

Ahí no queda la cosa. Desde aquí, alzo mi voz contra Ramoni, un auténtico esquirol de los obesos que mueren por Cádiz. Un tío que era el espejo en el que nos reflejamos los gordos. Era el paradigma de todos nosotros. Un gordo triunfando por derecho en la comparsa. Ramoni, eras nuestra Rosa de OT. Eras nuestra esperanza. Este verano lo vi. Lo vi tan bien, perdón, quería decir que … en fin... que sí,... que se le notaba que había perdido un montón de kilos. Cuando terminé de hablar con él, mi mujer me miró a los ojos y entendí todo lo que me quería decir ella.

Desde aquí, critico en voz alta su actitud y en voz baja lo envidio. No debías haberlo hecho. Ramoni, traidor, creo incluso que ha sido muy torpe, ya que, si hubiera seguido gordo, como siempre, hubiera sido más creíble tu interpretación, ya que tendrías cuerpo como para representar al padre, al hijo e incluso el espíritu santo.

Creo que nunca saldré como componente en una buena comparsa. Ni doy el tipo, ni la imagen, ni la voz. La operación que necesitaría para ello cuesta 30.000 euros. Alguien pensará que ese dinero lo puedo juntar con lo que gano en el carnaval. Me hace gracia esa gente que piensa que con el carnaval nos forramos e incluso nos llaman 'profesionales'. Me encantaría hacerlo, y no me avergonzaría ganarme la vida a costa de cantar en carnaval, siempre que no se prostituyera el alma propia que deben tener las coplas. Es más, lo consideraría una auténtica suerte. Pero la verdad es que no da para tanto. Por tanto, me quedaré en el hábitat natural del gordo, la chirigota. Seguiré siendo objeto de mis propias maldades. ¿Qué le vamos a hacer?

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