"¿Quién ha dicho ole...?"

  • El Concurso disfrutó de tres grandes duelos en chirigotas, comparsas y coros · Las críticas a Carlos Díaz se recrudecieron cuando ya el alcalde había anunciado que no se presentaba ese año a la reelección

El 23 de enero de 1995, a escasos días de comenzar el Concurso de Agrupaciones, Carlos Díaz, alcalde de Cádiz desde 1979, anunciaba su retirada como candidato a las elecciones municipales de ese año. Díaz tomaba la decisión ante la falta de apoyo de su partido. Fue el prólogo a un aluvión de críticas de las agrupaciones, que despedían ese año al alcalde con una gran crudeza. Ya se cantó, aunque con moderación, a Teófila Martínez, entonces candidata a la alcaldía a la que llegó meses después. El Concurso contó con bonitos duelos. En coros, el de Pardo y Migueles con 'El pregón' y '¡Qué latazo!', resuelto a favor del primero. 'Charrúas' y 'El brujo' compitieron por el primero en comparsas, ganando Quiñones a Martínez Ares, que presentó una de sus comparsas más populares bajo el sobrenombre con el que se conocía a Paco Alba. Fue la manera de homenajear al legendario coplero en el año en el que se cumplían 20 carnavales sin su presencia. En la final, abriendo telón actuó la antología de Paco Alba. El jurado tuvo el detalle de mostrar cartulinas como si puntuara al grupo, todas ellas luciendo un rotundo '10'. En chirigotas, 'Los lacios' de El Selu ganaban por un punto a 'Los últimos en enterarse' de Yuyu, que lució un recordado tipo de maridos engañados con cuernos incluidos y presentó un estribillo interactivo con participación del público. El cuarteto continuaba de capa caída. Sólo pasó uno a la final, 'Este trío es un caso', y le dieron el segundo premio, quedando desierto el primero, lo que venía siendo habitual.

El romance de Rocío Jurado y Ortega Cano, las críticas al PSOE a nivel local y estatal, las penosas condiciones del cuartel de la Policía Local y el nuevo adjudicatario de la barra del Falla, 'El Belga', fueron algunos de los temas más tocados en las coplas.

La carpa se trasladó de Valcárcel a la punta de San Felipe y Jesulín de Ubrique ofreció el más bochornoso pregón de la historia del Carnaval, pasando olímpicamente del texto que le escribieron para decir cuatro mamarrachadas en diez minutos de intervención.

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