Tinta china

2024, la ciudad de la pena negra

COMO habrá un Doce a la siniestra, un Doce a la diestra de la presunta libertad y un Trece criminal, las chirigotas obreras y sinceras de los Manolos con nadie se casan y auguran desengaños o agravios superlativos. 2024, sálvese quien pueda. "A ver quién reconoce a Cádiz" en el Doce, preludian los de Santander, que no vienen de la tierra de doña Teo sino de La Viña, el corazón del cachondeo que está en boca de todos estos días y en el cajón del olvido durante el resto del año. Estos días se inunda de alegría, y cuando llueve, de agua de coco. Si una chirigota advierte la paradoja de que Cádiz vaya a tirar la casa por la ventana "para deslumbrar a los invitados, sin tener un duro, capital de la cultura, ombligo del mundo, ya nos pasarán la factura", la de Gálvez clava chinchetas en las vallas propagandísticas, la abusiva campaña de autobombo de ese lentísimo Ayuntamiento. Entre el futuro inmediato y el rabioso y anestesiado presente, un par de coplas contundentes. Cartón piedra, Cádiz se muere mientras unos y otros, los listos del Doce preparan el gran sarao "pa mangar y figurar". Toma ya. Mañana ya veremos. El futuro ya es pasado. Y el dinero, nuestro. "Con nuestro dinero, vallas colgándose medallas, publicidad por la calle, en los diarios, y no digamos en Teleteo. No lo niego, Cádiz está más bello", remarcan los superabuelos, que son mayoría absoluta en Cádiz, la mayoría nada silenciosa. "¿No sería mejor arreglar las alcantarillas pa que no se inunde La Viña con cuatro gotas?" En la ciudad de los quietos paraos, el gasto en propaganda supera al gasto en servicios sociales. Eso no tiene gracia. Tiene guasa.

Derrocha ingenio y guasa la chirigota de Bocuñano, ya es hora de darle cuelo a autores relativamente nuevos. "Hola, soy Harvey Milk de Cádiz, vengo a reclutaros". Toquetazo a la Reina desde el mismo ropero. Contentos están con Sofía los gays. Defensa a ultranza de los "jartibles y chabacanos" carnavaleros que se tiran tol año cantando a sus prójimos más próximos, muchas veces sin trincar, por solidaridad. Luego, primicia mundial, primer cuplé al niño de Bin Laden, a quien no le han dado asilo político no vaya a venir su papá a buscarlo. Ni mijita. En Cádiz, cuna de la libertad condicional, el gachó no entraría ni en el Barabass con esos tenis tan horrorosos. ¡Cogedlo ahí! ¿Dónde está Bin Laden?

Los Rolling del Gago no dan crédito, lo mismo que los siesos de los bancos, grandes ladrones. Y están perdiendo facultades, como la Uca. Los celtas largos, por sus partes, se encaraman en la escalera hacia el cielo de Led Zeppelin, Quiñones pone en duda la libertad de prensa y clama, con toa la razón: "Medias verdades, luces y sombras, no sabemos lo que gasta el Rey, lo que se lleva el clero de nuestros impuestos, cuánto ha dado ya el Estado a los bancos que nos siguen robando", por no hablar de la Moncloa, los sindicatos y el escándalo de los jueces, ya se venden jueces en los supermercados. Luego, rubrican estos valientes periodistas de antaño: "En Cádiz hay cinco diarios y seguimos sin enterarnos de ná".

Si Quiñones emociona al personal con un pasodoble sobre los pederastas, a su inconfundible estilo, su contrincante Aragón quiebra mitos y leyendas en la misma sesión. Al garete la fama de Quiñones. La pena negra. Aragón, sin contemplaciones, habla de la muerte. "La muerte es una playa con cara de pena, la muerte llueve hacia arriba, la mejor despedida que el hombre no reconoce", la muerte vive en un sensacional pasodoble. Divina y humana. Filosofía más dura que pura que se topa en los cuplés con las inevitables referencias a los atributos masculinos, la comparsa de Aragón es la prolongación de su torre de preferencia, y al trabajo, que rima con lo anterior. Cuando se canta en serio se pone el grito en el cielo de la crisis. Ya de broma, que trabajen otros. Los de Santander también riman con trabajo y a la diputada catalana que se chufleó del acento andaluz la mandan al Caribe. Un lugar que queda a la vera del mismísimo carajo. Buen viaje.

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