¡viva la pepa!

La chirigota del Love

SI escribo José Luis Ballesteros, nadie sabrá quien es. Pero si digo Love, todos nos iremos inmediatamente hasta la farmacia del Palillero para encontrarnos con uno de los más grandes chirigoteros del Carnaval de Cádiz. Allí, tras un mostrador lleno de potingues farmacéuticos, lleva toda su vida repartiendo calmantes de gracia contra el malhumor y la malage casera.

Al Love yo lo conocí personalmente cuando la chirigota 'Partido de risa obrero español'. Aquella que con el beneplácito de todo el mundo iba derechita hacia el primer premio, pero que, como suele ocurrir en estas cosas nuestras de Carnaval, quedó a medio camino por que así lo decidieron cuatro. De cualquier forma, yo como autor de su repertorio me lo pasé de 'puta mare'. Con el Love y con el resto de los componentes. Desde entonces mantengo con todos una gran amistad. La chirigota de Puntales, como se le conoce. Puntales, mi segundo barrio. Que Manolo Cornejo, el archiconocido y entrañable don Adolfo, puede dar fe de lo que digo. Don Adolfo y mis propias coplas. Que no hay quien le haya cantado más a ese trocito de Cádiz, «Puntales, barquillita entre las olas embarrancá», que parece como si quisiera escaparse para siempre por la Bahía en busca de nuevos horizontes.

Pero no nos desviemos. Hablaba del Love y de la chirigota de Puntales. De don Adolfo, de sus primos los Cornejo, José Mari, Paquito Collar, el Cabra y, en fin, todo un grupo de categoría que cada año nos contagia con su arte y su gracia chirigotera. Para mí, qué quieren que les diga, retirado mi gran amigo el Carapalo, tras el babuchazo que le han endiñado a mi otro gran amigo Manolo Santander y con permiso de mis entrañables Sergio y Quique Remolino, la chirigota del Love es mi chirigota. Cuánto nos alegramos cuando viajamos juntos, chirigota y comparsa, por esos pueblos de Andalucía. Y cómo nos lo pasamos.

Como así de grande me lo pasé yo la noche del último viernes de cuartos con estos viejitos haciendo las delicias de todos sobre las tablas del Gran Teatro Falla. Y como no es elegante hablar de uno mismo, que tiempo habrá para esto y mucho más, sí tengo que decir que esta chirigota también puso en pie al respetable. Que se sepa.

No creo que esta columna vaya a tener la repercusión de algún corresponsal ni de Canal Sur Televisión, pero al Love lo que es del Love, que ya está bien de andar diciendo cada uno le que le viene en gana aun faltando a la verdad. Y hasta aquí quise decir. Así que achanta la muí, que cantaban Los Cíngaros del año mil novecientos cincuenta y tanto. Por cierto, quiero aprovechar para decirle a Miguel el Mellao qué cuándo coño se va a venir de contralto a mi comparsa, joé.

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