A SANGRE FRÍA

El capitán de Los Piratas

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CUANDO Ángel se volvió a mirarnos se produjo un silencio espeso. El capitán iba a hablar. "¡Qué sensación en!". Había media tripulación, la mejor tripulación con la que uno pueda navegar en los turbulentos mares del Carnaval, pero por un momento fue como si todos nos reuniéramos. Edu y Carli Brihuega, Jose Fernández, Miguel García Cossio, Fernandi, José Luis, Miguel El Manta, el propio Ángel y este que firma, que un día tuvo la fortuna de compartir unos años maravillosos con todos ellos. Nos acompañaron otros compañeros y amigos, como Andresito, el Chipirón, Antoñito, Sergio, Carlitos, Kike, Fran, Dani, todos dispuestos a arropar en su pregón de El Puerto a uno de los directores más importantes de la historia del Carnaval, Ángel Subiela, uno de esos que dan su sello personal a cada agrupación en la que participan, en la que más bien ponen el alma. ¡Qué sensación! Fue una de las frases más repetidas. En algunos instantes parecía que nada hubiera cambiado, que estábamos dispuestos a comenzar una de las centenares de actuaciones de cada año, aunque en otras el tiempo te golpeaba en la cabeza, como avisándote de que el pasado es historia, que nunca volverá, que sólo está el presente y que, por más trampas que te tienda la memoria, lo que hay es lo que hay. Yo no pude evitar acordarme también de los que no estaban, incluido de Antonio Martínez Ares, por supuesto. De Mariano especialmente, al que quiero con locura y sin el que, creo, este grupo no hubiera sido el mismo. De Paquito el Caja, del Catalán, Rocky, Ricardo, Augusto, Moi o Pepe Chulián, de todos me acordé en algún momento porque me hubiera encantado que la reunión fuera completa, incluso con el pirata que buscó otra tripulación para su pregón de Cádiz. Es un viejo sueño que tengo y que, como la mayoría de los sueños, se perderá entre ronquidos, aunque la esperanza es lo último que se pierde. Quizás algún día pueda conseguir aquello que verdaderamente deseo. Quizás algún día nos reunamos para cantar, para echar un buen rato, como lo que fuimos, amigos. El ensayo general en El Puerto al menos fue entrañable. Las gargantas ya no están tan afiladas, eso sí, supongo que habría que tirar de horas de ensayo para dejarlas perfectas, pero comprobé que lo que sí hay son ganas de estar, ganas de volver a pisar el Falla como grupo. Estoy seguro que al grupo de Subiela no le van afaltar autores dispuestos a escribirle, sobre todo porque ya digo que esa idea tan suya de lo que debe ser una comparsa no ha pasado de moda, más bien al contrario. Y con un conjunto de voces que emociona todavía al más pintado, cualquier cosa puede pasar. Me encantaría volver a verlos en el Falla, yo desde la barrera claro, porque en mi caso ese retorno sí que parece complicado, peleando como siempre por los mejores premios, aunque por premios ya no va a quedar, por el cariño de la gente, por los oles del gallinero. Lo que Ángel ha dado, da y dará todavía al Carnaval gaditano es algo que se recordará durante mucho tiempo.

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