"No hay nada más bonito que cantarle a un público que te da tanto cariño"

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Llegó el día más esperado de las preliminares, el ansiado debut de la comparsa de Juan Carlos Aragón, la que más pasiones desata para bien y para mal. Las entradas volaron en taquilla y  el Falla estaba a reventar poco después de las 23 horas esperando a su comparsa. Satisfacer a tanta gente es un reto de los que gustan a Aragón, que esperaba "cumplir con las expectativas, que ya es bastante", en esta primera toma de contacto con las tablas del Falla. 

El autor sabe de la expectación que ha levantado la comparsa y destaca que "no hay nada más bonito que cantarle a un público que te de tanto cariño". Un público al que no quieren fallar, por lo que se presentan con "el mismo nivel de orgullo y el mismo nivel de responsabilidad". Juan Carlos afirma que "se ha trabajado mucho y bien, van todos los cabos atados, estamos muy seguros del repertorio y el grupo me da muchas garantías". 

La afinación de ese grupo es este año responsabilidad de Vicente Lázaro, un trabajo que le ha resultado "muy fácil" al encontrarse con un gran grupo, "no voy a decir que el mejor que he dirigido, pero muy fácil de afinar". Coincide con el autor en que su objetivo de esta noche era "cumplir con las espectativas" y dar el primer golpe para "cantar tres días y luego a ver si se puede cantar un cuarto".

Una de las caras nuevas en un grupo configurado personalmente por Aragón, la primera en llegar y quizás la más sorprendente, es la de Andrés Moncada, conocido como El Ventolera del cuarteto de Algeciras. El tenor estaba "muy contento" por su debut con la comparsa de Aragón en el Falla, "es como si te llama el Madrid", compara. Su llegada a la comparsa se fraguó el pasado año gracias a "un amigo de Algeciras que tengo en común con Javi Bohórquez, Juan Carlos me había visto en la tele con el cuarteto, le gusté para la comparsa y se pusieron en contacto conmigo". Su pasado cuartetero quedó patente en los cuplés, a los que aportó un toque paródico muy divertido. 

Antes de abrir cortinas, la tensión era máxima. Eduardo Bablé recitó el nombre de la comparsa en italiano y el teatro ya casi se caía, igual que cuando la cortina dejó al descubierto el tipo de gondoleros venecianos. Cuando arrancaron a cantar, se pueden imaginar. 

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