El barrio mimado del Carnaval abre los brazos al tango

  • Doce bateas recorrieron las calles de la Viña en un carrusel que volvió a dividirse en dos trayectorias · La calle de la Palma aúna a los coros, mientras que romanceros e ilegales cantan en sus aledaños a un público entregado a las coplas

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La Viña, el barrio que cada año recibe una retahíla de piropos y requiebros, vivió ayer su noche más grande. Los tangos invadieron sus calles principales, a partir de las 22:30 horas, mientras que las ilegales acudieron al reclamo universal del cachondeo y se apoderaron de plazas como la de Macías Retes o Tío de la Tiza. La lluvia que había hecho acto de presencia en años anteriores dio una tregua y los paraguas desaparecieron para dejar paso al Levante que todo lo seca, ese viento tan refrescante que nunca fue amante de ningún fenicio, como dijo Paco Alba, y que encuentra resistencia a sus aullidos en la playa más coqueta, donde anoche murieron los tangos gaditanos. Tanto viento hizo, que éste se convirtió en frío y el personal prefirió guarecerse en la calle de la Palma, dejando prácticamente desierto el resto del recorrido del carrusel. De hecho, y a diferencia de lo habitual, las carrozas ni siquiera formaron en la calle La Rosa, sino que se situaron directamente frente al colegio lasaliano para entrar cuanto antes en Cristo de la Misericordia y La Palma.

Doce bateas recorrieron las calles del barrio carnavalero por antonomasia entre un gentío de miles de personas. De nuevo, dos recorridos marcaron la dinámica de la noche. Dos recorridos que se unieron en la señera calle de la Palma para terminar en el Instituto Fernando Quiñones.

Los coros 'Papelandia', 'Lo que yo te diga', 'El portal de Jerez', ' El periquituliqui', 'Dios los juntó y no vea la que lió' y 'Los proscritos de la Viña' enfilaron la calle de la Rosa tras su salida desde el Hospital de Mora. Este carrusel prosiguió su peregrinación derramando coplas por Martínez Campos hasta alcanzar la calle de la Palma, donde las bateas se toparon con los carros del segundo de los recorridos.

Así, 'Los ilusionistas', 'Menos humos', 'Qué bahío', 'Con faldas y a lo loco', 'Al enemigo ni agua' y 'Coro la Catedral' confluyeron con las anteriores agrupaciones en la Palma tras su salida por Pericón de Cádiz y doblar por la calle Cristo de la Misericordia. De igual manera, el coro callejero 'Picha's on the rock' también discurrió, algo más independiente, entre estos dos recorridos.

Hasta bien entrada la madrugada se pudo disfrutar de un completo viernes de coros en la Viña.

El último coro en sumarse al carrusel fue 'La catedral', de Julio Pardo, que tenía varias actuaciones en la noche de ayer y que situó su batea al final de la calle Pericón ante las preguntas de algunos aficionados.

Los viñeros se sumaron gustosos a su fiesta y engalanaron con la publicidad de Cruzcampo sus balcones, desde donde piropeaban y aplaudían a los grupos.

Y como manda la tradición, mientras que las formaciones cantan desde las bateas y las barras de los bares hacen su agosto en febrero, charangas, romanceros y agrupaciones callejeras animaron los aficionados, acostumbrados a dividir su corazón y atención entre coros e ilegales, entre ellas 'Las ruínas de Maya', 'Las majorettes de Montpelier 30 años después', o 'Estuve en Portugal y me acordé de ti'.

En la guerra cualquier boquete es trinchera. Y en Carnaval cualquier esquina es un escenario. Ayer se demostró una vez más, aunque el viento y el frío no hicieron ningún favor.

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