Yo maté a Martínez Ares

Un año más tocando las nubes

  • La ventolera. Fue el año del famoso pasodoble a Antonio Martín, que jamás se cantó pero que sí se filtró y se publicó en este medio l Por segundo año consecutivo nos llevamos el primer premio

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VERANO de 1993. La peña 'La tertulia de doña Frasquita', en la calle Santiago, abría sus puertas a los que todavía tenían ganas de Carnaval. Esa noche Paz Padilla recibió un premio por su arte y por llevar su tierra como bandera por todos los escenarios de España. Paz empezó a contar un chiste y otro y otro y la peña se venía abajo. Nosotros estábamos en una habitación también perteneciente a la peña disfrazándonos de 'Los miserables' y es que nuestra relación con la gente del coro mixto era especial: siempre fueron grandes seguidores nuestros, muchos de estos y estas coristas se abrazaron a nosotros la noche del primer premio en la plaza del Falla, como si ellos hubieran ganado, lo mismo. Terminamos la actuación y allí Angel me preguntó si ya tenía algo pensado para el próximo año. "Yoý -le dije- tengo unas cuantas ideas en la cabeza pero la que más me convence es poner un marinero en el cielo, una veleta". Esa noche salió de esa peña el tipo y el nombre: 'La ventolera'. El disfraz no parecía complicado, ¡Ja¡ ¡Qué equivocados estábamos! Siempre lo más fácil es lo peor. El pantalón y la chaqueta eran eso, típicas prendas marineras a las que añadimos camiseta, gorra, pañuelo y un farol. No era la primera vez que las estatuas se paseaban por el Carnaval, precisamente el recuerdo más reciente lo teníamos en 'Nos quedamos de piedra', por lo que teníamos que hilar fino. Había que buscar un color que reflejara dureza, robustez, yý para ello, nada mejor que el bronce. Desde 'De locura' no nos metíamos en la piel de un disfraz tan duro y correoso, un pantalón que había que domar para poder sentarse, una chaqueta que después de varias imprimaciones de color bronce la dejabas de pie y ahí se quedaba más derecha que un palo, una gorra que parecía lija pura, pero qué bonito quedaba en escena.

Para complicar más la cosa cada marinero llevaba un farol con el que supuestamente buscaba su barco en el cielo; lo había perdido y lo buscaba según le golpeara el viento. Y para rematar la faena a cada componente, menos los instrumentos, es obvio, lo atravesaban los cuatro puntos cardinales aunque al final siempre la sangre tirara para el sur. Eso sí fue un obra de ingeniería. Rafael Velázquez se pasó semanas buscando todo tipo de tubos, medidas y anclajes, pero al final lo consiguió. Y Manuel Coronilla bordó las veletas con los símbolos que cada letra de cada punto cardinal expresaba.

El grupo, el mismo. Todos queríamos repetir experiencia e intentar revalidar el primer premio de 'Los miserables'. Chari Delgado, una vez más, era nuestra sastra ¿se dice así, no? y una vez más yo tampoco me hice el tipo "no vaya a ser que falte tela como el año pasado y me vistan de otro color", me dije yo para mí. El responsable del maquillaje, Paco Leal, fiel a nosotros. Ah, y también conservábamos el local de ensayo. Sólo nos quedaba trabajar duro para demostrar que lo que pasó aquella noche no fue casualidad. Al local de ensayo lo llamábamos la nevera, porque precisamente para eso se hizo. Tenía una puerta que si se cerraba teníamos que empujar los quince para poderla abrir, por eso siempre la dejábamos encajada. Yo de cuando en cuando, me salía de esa habitación y me ponía a hablar con El Piru que se quedaba de guardia por las inmediaciones de la nave. Semanas antes del concurso Angel me dijo que no estaría de más hacer otra letra de pasodoble. Yo salí de la nevera y al rato regresé con "Recuerdo que era mayoý". No es pedantería, hay testigos. A veces el universo conspira para que todo salga como tú quieres, ¿no dice eso Paulo Coelho? Pero lo que esperaba el público era una respuesta a mi expulsión de la cofradía del Nazareno por el pasodoble del Papa. Y la tuvieron. Y Ya puestos en faena, pensé, "por qué no derribar otra muralla, otro tabú", y me fui directamente a por la Fiesta Nacional; lo siento yo soy de los que están en contra de las corridas de toros, multiusos sí pero para no para matar animales. Otra vez la gente dividida, los que estaban a favor y aplaudían y los que estaban en contra y pedían a Dios que me cortaran las dos orejas y el rabo, es un decir. También fue el año del famoso pasodoble a Antonio Martín que jamás se cantó pero que sí se filtró e incluso se llegó a publicar en este medio, un pasodoble que estuvimos a punto de cantar en el Falla de no ser porque minutos antes de abrir las cortinas le dije a Ángel: "Mira Ángel, si ganamos, bien, y si no, no pasa nada, pero esta letra nos puede quitar el premio porque ¿cómo se puntúa esto?". Algo parecido le pasó a él años más tarde y sí, le valió un premio. Los cuplés hacían sonreír y empezaban con una pequeña llamada de atención a los veletas de Cádiz.

Empezábamos a acostumbrarnos a estar en la final y a competir con los poderosos de la fiesta aunque en esta ocasión nosotros éramos el enemigo a batir. Todavía trabajaba en Chiclana pero mi jefe ya contemplaba la posibilidad de abrir otra cabecera en Cádiz. Días antes del concurso me anunció que me trasladaban a la capital para hacerme cargo, en principio, de un especial diario dedicado al Carnaval; entre eso y mi comparsa no tenía vida. Pedro Romero presentó ese año una comparsa sencilla y de corte poético y tanto Martín como Quiñones también eran firmes candidatos para un primer puesto, pero no, por segundo año consecutivo nos llevamos el gato al agua. Tras las risas y los llantos, la mayoría de nosotros acabó esa mañana comiendo churros en la plaza de las Flores, luego se fueron a casa y durmieron un poco porque por la tarde empezaba el gran maratón, vender cintas, que no cds que nunca llegaron porque nunca los hizo Izquierdo a pesar de estar firmado en un contrato, cantar en tablaos, contratos en la provincia y más alláý una locura. Lo que no hicimos fue participar en el concurso de El Puerto de Santa María, ¿para qué? Era evidente que sería un segundo y no era plan. La primera portada de la nueva cabecera de mi jefe, Cádiz Información, la habían enmarcado y colocado en el patio de las oficinas sitas en la calle Ancha y mostraba una foto a cuatro columnas de 'La ventolera' con un titular que rezaba: "Ares y Pardo revalidan el primer premio". Cuando entraba todas las mañanas a trabajar miraba al Zubiela y le guiñaba un ojo como diciendo: "¿te lo dije, no hacía falta cantar ese pasodoble para ganar". Él siempre guardó silencio. Años más tarde supe por qué.

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