ser o no ser

Volverán los oscuros carajotes

Comentarios 2

Si Becquer hubiera sido de Cádiz y carnavalero, habría escrito estas rimas, cambiando las golondrinas por los carajotes. El carajote no es aquel al que no le gusta el carnaval, sino el que lo desprecia desde su altivo púlpito. Cada año, con el inicio del concurso, tenemos que aguantar lo mismo. Colas de entradas y abono perfecto para el discurso del carajote. El carajote no entiende que una persona haga cola para comprar una entrada para divertirse, en lugar de para pedir trabajo. El carajote no entiende que una persona se gaste 50 euros en una butaca del Falla en lugar de en una para si salón de estar. Que si ya está bien de carnaval, que si así nos va en Cádiz, etc, etc, etc. A mi me ponen negro estos vainas de tres al cuarto. Y me ponen negro porque cada uno es libre de hacer lo que le salga del aparato amembranado, que diría el Chimenea. Con la que está cayendo, la gente necesita diversión y si alguien prefiere hacer cola para el Falla en lugar de para pedir trabajo, pues que lo haga. Hace una semana he visto imágenes de chinos pegándose por comprar el Iphone 4 en China, pero claro, los chuflas somos los gaditanos por guardar cola. Si la cola hubiera sido para ver a la Sinfónica de Londres seríamos unos cultos, pero como es para carnaval pues somos unos catetos. Como diría el gran pensador griego Amamarlágoras: "Tes quí ar carajo, ome". Miren ustedes, gracias al carnaval come mucha gente en Cádiz; cantando, cosiendo, sirviendo, narrando, escribiendo, vigilando, limpiando, etc. Ya está bien, hombre, de demagogia barata y de culpar a esta fiesta de los males de Cádiz. Todos los años pasa lo mismo y todos los años tengo que recordarlo. Porque me indigna. Porque el Carnaval no solo da trabajo en Cádiz, sino también salud en el resto de España. Si, si, como lo oyen: Salud. Yo he tenido la inmensa suerte de recibir cartas de gente que ha llegado a superar un cáncer a base de terapia, cojones y buen humor de agrupaciones de carnaval. Y mensajes de una hija que no sabe como su madre está viva y se aferra a mis chirigotas como el medicamento más preciado. Y eso vale más que las críticas de mil quinientos millones de carajotes juntos. Y mis compañeros podrían contar cientos de estos casos. Alegría, señores, alegría. La salsa de la vida, la que reparte Cádiz cuando llega febrero. Pero parece que no tenemos derecho a disfrutar. Si no hubiera Carnaval estoy seguro que Astilleros no hubiera cerrado. La culpa del cierre de Tabacalera es de Quiñones y la General Motors la cerró Subiela. ¿Saben ustedes en lo único que ganaría esta ciudad si no existiera el Carnaval?. En que no habría tanto carajote. Así que disfruten todos ustedes de lo que hoy comienza, que vale su peso en oro. Le pese a quien le pese.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios