DOÑA CUARESMA

Vete al bar Granada

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UNA de esas viejas historias que corren por Cádiz cuenta que la junta directiva de un club muy gaditano, modesto y en la bancarrota, dilucidaba su futuro en una importante asamblea.

El presidente pintó un futuro tan negro como la pesadumbre de los reunidos, que agachaban la cabeza con seriedad. No había modo de salvar a una entidad por la que se habían partido la cara con no pocos catetos de los pueblos, en heroicos desplazamientos.

Por fin el presidente termina su angustioso balance y pide a sus consocios que alguien aventure una solución, o que tome las riendas de un club en bancarrota económica y deportiva. Silencio absoluto: los gestos serios, las miradas hacia otra parte, las bocas cerradas. Con la desolación se podía chutar un córner. Por fin un socio alza la mano al tiempo que hacia él giran las cabezas sus esperanzadas miradas. El presidente le da la palabra y dice el de la mano alzada:

-¿Puedo ir a cagar al Bar Granada?

Ha terminado Juan Carlos Aragón su novela por entregas con una incógnita sobre si volverá o no en el futuro a escribir chirigotas o comparsas... un suspense sobre su futuro, una pregunta en el aire, como si de eso dependieran los próximos tres mil años de esta ciudad.

Juan Carlos, por mí como si te vas a cagar al Bar Granada.

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