el corista

El Tío de la Tiza

CÁDIZ, ciudad olvidadiza por excelencia, y por ende el Carnaval, había dejado en el baúl de sus insignes recuerdos el merecidísimo reconocimiento a uno de sus más ilustres artistas. Al padre de nuestro repetido y popular himno.

Al autor de LOS DUROS ANTIGUOS lo habíamos relegado a un ostracismo normal en nosotros. A fuerza de años vimos como normal que tan prolífico e inspirado autor se quedara sin un premio que merecía desde hace tiempo.

Gracias a la incansable labor de mi amigo Javier Osuna, la Asamblea de Antifaces de Oro recibió la petición de conceder a Don Antonio Rodríguez El Tío la Tiza el Antifaz de Oro del Carnaval de Cádiz a título póstumo y honorífico al cumplirse los cien años de su muerte. Era una deuda pendiente que nadie había pensado subsanar hasta el momento.

Mi alegría fue inmensa al imaginarme concediendo a una de las tres patas fundamentales de la fiesta -para mí las otras dos son Cañamaque y Paco Alba- el galardón que lucía en mi solapa desde hace unos años. Creía que todos los componentes de la Asamblea pensarían igual que yo y que el nombramiento sería fulminante y por aclamación. Pero nada más lejos de la realidad.

Una vez allí me encontré con la incomprensible sorpresa de que se cuestionaba el merecimiento o no de la designación. INCREIBLE.

De mi asombro no salía cuando algunos compañeros, no muchos, preguntaban si había salido 25 años. Si se le iba a quitar un antifaz a alguno de los designados este año. Se llegó a pedir la lista de las agrupaciones que había sacado. Y en ese momento me invadió una enorme TRISTEZA. No me lo podía explicar. Es cierto que todas las personas no pensamos igual, y me alegro, pero en las ocasiones que debe imperar la justicia y la generosidad uno espera mayor amplitud de mira de sus compañeros. Aquellos que aman lo mismo que tú y que se han llevado media vida defendiendo a su tierra y a su fiesta grande. Gracias a Dios al final imperó la cordura y, por supuesto, El Tío la Tiza, en la persona de su nieta, goza ya de tan merecido galardón. Ojala hubiéramos sido generosos décadas atrás, pero nunca es tarde si la dicha es buena.

Solamente me gustaría llamar la atención, con todo respeto, de los compañeros que ponía en tela de juicio su merecimiento para que pensaran que ser generosos siempre es bueno y hubiera sido sensato pensar que muchos de los que hoy gozamos de la distinción no la tendría ni hubiera cantado un tango nunca si no hubiera existido un genio que se le ocurrió la música y la letra de Carnaval más popular en el mundo entero. Ya hubiera querido yo, y pienso que los allí estábamos, tener la centésima parte de ingenio e inspiración que Don Antonio. Felicidades a su familia y perdón por el olvido.

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