Tinta china

¡Penitentes vestidos del Cádiz!

EL mundo fue y será una porquería. El pequeño mundo del Falla estalla como un big bang en cadena cuando oye rumores de libertad y voces en la calle. Que callen los silencios más elocuentes, y como dice la piba del anuncio del Carpe Diem, academia del porvenir más negro que el carbón, "tu formación es tu futuro". Entonces no hay futuro, él vendía pisos, ella ponía copas, los padres de ambos rendían pleitesía a Don Ladrillo a cambio de una milloná sin facturas. Ahora hablan de formación. A ver, todos en formación. Por si no quedó claro, los políticos de Luis María ponen de vuelta y media a los cuatro mafiosos, cuatro mangantes, más de cuatro gatos con botas que han dejado el solar de esta guisa. "Yo no paso por el aro". Aro aro. Rebeldes con causa que, a la segunda de cambio, tildan de sinvergüenzas a quienes pretenden chupar y robar a doña Pepa bajo el disfraz de la defensa de la democracia, la libertad y el tralará. Ceremonias de la confusión de aquí al Doce, estos obreros chirigoteros no se sienten representados por la liberal Constitución gaditana, que consagraba los "falsos derechos del pueblo español", que siguen en el aire, claro. Palabras al viento, desengaños a viva voz y un par de cuplés igualmente comprometidos. Los accidentes laborales han bajado. Aro, cohone, "¿cómo vamos a matarnos si no tenemos trabajo?". Luego, piropo a los jueces que imponen doce años de condena por un jamón y lego sueltan a Julianes y demás chorizos malayos. De pronto, penitentes vestidos del Cádiz, el capillismo submarino, dos lados del triángulo mágico chovinista, como define Vera Luque a la santísima trinidad gadita. ¡Penitentes vestidos del Cádiz! ¿Quién tiene el copirai?

Tantas noches de concurso producen efectos colaterales, contraindicaciones de aquella manera: mirada perdida, cambios de humor intempestivos, mala leche desnatada, cambios de horarios y de costumbres. Bendito veneno.

Tantos concursos dentro del concurso, incluidos los concursos no convocados, los concursos sin dotación ni intención, pero con prestigio en juego en la mente calenturienta de cada aficionado a las coplas a la gresca, traen escasos matices al repertorio global. Y como casi nadie escucha, a la mitad de la copla sentencian: "esta letra va sobre tal y cual". Nada es lo que parece, pero la gente se mantiene en sus trece, Vera Luque con su brillante manera de plantear las cuestiones, las voces de Tovar a la hora de llenar la escena y la maestría de Martín hasta cuando recurre al recurrente metacarnaval. Fulanito le pega duro a Menganito, Zutanito le canta las cuarenta a su enemigo íntimo Repsolito, y Tornadito se caga en las castas de su primo Ponientito. Los autores como niños chicos. Unos más grandes que otros. Martín es grande, muy grande, lanzó aquello de que el Carnaval es La Viña, para crear tensión y dejar caer que las coplas son de la madre que las parió, y obtuvo respuesta. Ta bueno. Cada uno lleva su razón. Hay quien lamenta este Carnaval endogámico, pero de boquilla, porque en verdad da gusto ver cómo se jalan de los pelos los gladiadores rumanos. Ahora, lo que son las cosas, Martin defiende al denostado Martínez Ares por segundo año consecutivo. Cantan que al otro Antonio, otrora rival encarnizado, "están derrotando en Cádiz", a cuenta del pregón y posterior musical, dimes y diretes en el Cádiz de los vientos y los demonios, las envidias, los veletas, los artistas que se creen artistas y que son menos artistas de lo que venden, los críticos y los criticados. Tos por igual. "¡Fuera la envidia!". Luego, en el sensacional popurrí se escucha: "Qué pena que los gaditanos pa otras cosas no echen ..." el coraje necesario. Justo y necesario.

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