en tela de juicio

Indignado

COMO yo no he acampado en el Palillero (en realidad hace más de 20 años que no acampo en ningún lado), no he ido a lo de Valcárcel Recuperado, no me he manifestado contra el sistema financiero y, lo que es peor, no soy autor de carnaval, ni intérprete, ni ejecutante, ni cronista, ni famoso de comparsilandia, ni nada que le parezca, no me queda otra que expresar mi indignación por medio de esta columna ya que nadie me va a sacar en la contraportada del Diario del Carnaval. Un desahogo, así me evito sicólogos, siquiatras y sacerdotes. Lo pongo aquí con permiso de Monsieur le Directeur y ya cumplo mi cuota de quedar mal con mucha gente, que me malicio yo es lo que se espera de mí. Conviene no defraudar nunca a ese público al que tanto quiero y al que tanto debo. Así que por empezar: estoy indignado con la sumisión al famoseo cutre del carnaval. Aquí viene un famosillo que ha salido dos veces en la tele y le ponemos una alfombra roja, llámese Agustín Bravo, los Morancos o Ismael Beiro, que tanto da. La gente sucumbe ante la fama. Podríamos fichar a Belén Esteban, a la Campanario, a Coto Matamoros, o como se llame, y a toda esa fauna televisiva. Le haríamos coplas cariñosas y nos reiríamos con sus gracias. En resumen, me indignan las catetadas.

Me indignan las coplas falsas, eso que escriben los autores no para expresar lo que piensan sino para granjearse el favor del público. Por ejemplo, el pasodoble de la comparsa del Taka a favor de la tortura y de los métodos policiales de Franco. Pero no es un caso aislado, es lo habitual: la concesión al populismo, buscar el aplauso fácil de un público entregado. Mientras más demagogia, más aplausos, lo que puede provocar el espejismo del jurado sobre la calidad de la letra o la sinceridad de su contenido. Ya no podemos saber lo que en realidad piensa cada autor. Algún afamado corista que fue prominente socialista y ahora es no menos prominente popular (versión conservadora), pero siempre muy prominente.

Me indigno conmigo mismo porque no entiendo muchas coplas. Soy duro de oído, qué le vamos a hacer. La naturaleza (o la Divina Providencia) no me ha dotado de agudeza auditiva, por decirlo en plan fino. Por si fuera poco ahora se llevan los grititos (eso que llaman contralto, octavillitas o qué sé yo), sobre todo en las comparsas aunque no sólo. Item más: a algunos autores no les entiendo aunque lea lo que han escrito. Entre las vueltas que le dan a las frases para la métrica y la rima y lo enrevesados que son algunos, me quedo in albis. Me pasa con Juan Carlos Aragón: me quedo estupefacto por la cantidad de seguidores que tiene y por el malditismo al que le gusta jugar porque no suelo entender lo que me cuenta. Con otros pasa que le añaden a la emotividad habitual , las concesiones a la galería, lo que unido a una excesiva capacidad poética hace que no me entere. Cosas mías. En verdad en verdad os digo que lo mejor es no indignarse por nada, se vive mucho más feliz, donde va a parar. Be water my friend, lo que usted diga y a otra cosa mariposa. Ya puestos a indignarme conmigo mismo ¿qué hago yo aquí, Dios mío de mi alma?

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