BENDICIÓN DE DIOS

Al Guerrero del Antifaz

SOY de la opinión de que los cargos deben ser temporales y breves. Yo, que nunca busqué un carguito, debo confesar y confieso que ni siguiera soy presidente de una comunidad de vecinos y que en mi casa tengo delegada la presidencia en mi única nieta.

Sin embargo, por esto del Carnaval (mire usted qué guasa) tengo el honor de presidir un colectivo que antepone el nombre de hermandad, por si algún Guerrero del Antifaz, sin duda, en un momento alucinatorio, se le antoja apellidarnos Sanedrín de Fariseos Carnavaleros.

Por lo visto debe ser muy apetecible para algunos integrarse como hermano en esta pandilla de veteranos, pero en lugar de analizar los acltuales requisitos para el otorgamiento de la máxima distinción del Carnaval de Cádiz, se dedican a sentar cátedra, otorgando a su antojo los "diplomas acreditativos de la genialidad carnavalera".

Para evitar suspicacia, yo abogo porque la sola presencia en nuestro Gran Teatro, aunque sea acarreando el atrezzo, lleve aparejado el Antifaz de Oro. Cuando el componente, autor o figurante pise por primera vez las soñadas tablas, y una vez concluida su actuación, se le condecora y santas pascuas. Es más, al cuarteto de Badajoz, si no quiso esperar cuando pidió bajada de telón, se le envía por correo a la capital extremeña.

Pero da la casualidad que mi opinión no es compartida por el resto de mis "hermanos". Y para seguir conservando la "armonía familiar" yo personalmente redacté un sistema de nombramientos que conjuga calidad, laboriosidad, constancia y buen hacer, pero siempre contando con que nunuca llueve a gusto de todos y las opiniones adversas a ese sistema son también bien recibidas. Es más, aprovechando que se trata de un antifaz, un gran cupletero de Cádiz oculta tras la máscara una pequeña espina, con la que hiere a todo un colectivo de compañeros, que por encima de todo, merecen el respeto debido.

No vale decir Fulanito ha hecho méritos suficientes, no vale argumentar que Sutanito es de sobra acreedor al galardón, hay que situarse en la coyuntura actual y sopesar que en estos tiempos son cientos los compañeros con méritos sobrados. Esta hermandad ha optado por no darlos a pelu, ha preferido dignificarlo, lo que pasa es que no todos estamos al nivel de Antonio Rodríguez Tío de la Tiza.

¿No será que el autoproclamado nuevo mesía del Carnaval quiera expulsar al Sanedrín de Fariseos del templo de los ladrillos coloraos?

Si es así tendrá que buscar otras razones de más peso, yo me presto a discrepar de su opinión, pero con el respeto que merecen todos los compañeros, y, por supuesto, todos los que lucen galardones de esta fiesta, llámense premios oficiales, menciones honoríficas, Antifaces de oro o Baluartes del carnaval.

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