CARNESTOLENDAS

¡Descerremos el candado!

JAMÁS oí a nadie de Pamplona hablar mal de los Sanfermines, ni a ningún valenciano renegar de sus Fallas; en Sevilla apenas hay un imbécil que no disfrute de sus dos fiestas a la par y se sienta orgulloso de ellas… ¿Por qué le ha tenido que tocar a Cádiz esa caterva de oscuros carajotes, como dice el Yuyu, que critica el carnaval de carnavales?

A mí, como a otros que han aprendido a amarlo por la tele o pagando un peaje, me gusta el Carnaval de Cádiz por encima del carnaval. Es como aquél al que le gusta su Cádiz más que el fútbol en sí . No soy un vaina y puedo entender que, franqueado el puente, haya quien no disfrute de este espectáculo de un mes, con dos tercios en el coliseo más coqueto y jacarandoso del Sur y un tercero que lo remata donde se respira el aire más puro que jamás entró en los pulmones de un hombre, ése con más oxígeno y olor a mar que ningún otro que llega a Cádiz por el Campo del Sur.

Claro que sí, pensará el carajote, son algunos de los muchos valores de Cádiz. ¡Pero quién los exporta con la elegancia y arte de su carnaval! Y sólo por eso, aunque comprenda al gaditano que deteste una copla y todo lo que significa su gran fiesta, jamás entenderé al que reniegue de ella.

Pero el Carnaval de Cádiz, su concurso de coplas, tiene enemigos en sus intestinos aún más peligrosos. De un lado habita el mediocre temeroso que prefiere que esta bendita enfermedad derive en fanatismo en vez de en epidemia. Que no se extienda, si es posible, para él sobrevivir. Ése que vivaquea a la espera de publicitarse una mijita en los medios, dejarse ver por los bares punteros y buscarle las cosquillas a la decena de genios vivos de la copla, gente que en la intimidad hasta es capaz de celebrar el año sabático de Bienvenido o los nueve sin salir que lleva ya Martínez Ares. ¡Qué barbaridad! Son ningunos que matan por ese premio que no merecen.

Y luego está el que se cree más gadita que nadie, ése que dice salir por las Puertas de Tierra y sentirse extranjero, ése que en su vida cogerá un avión porque el aeropuerto está en Jerez. Gente que anhela mandar en el concurso de algún modo, poner trabas, mangonear y restringirlo a Cádiz porque las coplas son de Cádiz. Ambos, el mediocre que concursa y esta mosca cojonera autóctona, a veces alimentada desde el Ayuntamiento, son incapaces de imaginar un COAC bien patrocinado, cosmopolita, que se extendiese con magnos espectáculos musicales en Madrid o Barcelona, con grandes empresas implicadas en su patrocinio y poniendo el dinero que no hay en Cádiz y prometían hace poco en Manilva. Temen que el Carnaval de Cádiz sea el carnaval nacional por antonomasia y que personajes como ellos pudiesen salir de esa eventual y gran rueda que aliviaría la zozobra económica, que luego maldicen sus octavillas o lloran sus bolsillos, y desatar un turismo que obligase incluso a un tercer puente. No son conscientes de la riqueza que mal administran.

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