en el ambigú

¿De Cádiz y pa Cádiz na más?

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APROVECHANDO que aquí mi vecino de página habla de las entradas y de su sistema de venta me quitaré una espinita que tengo con lo que se ha hecho este año. Porque aunque alguna agrupación ha levantado a parte del Falla con un pasodoble que las entradas se vendan sólo para gaditanos, personalmente lo que se ha hecho este año me parece que roza lo catetil. Localismo barato y chovinismo trasnochado de quiénes luego quieren cantar con sus agrupaciones a los mismos a los que les hemos puesto todas las zancadillas del mundo para puedan seguir en vivo este concurso. Porque, de entrada, si las agrupaciones tienen derecho a que su gente estén con ellos en el Falla para verlos en directo, estas agrupaciones son todas. Las de Cádiz y las de fuera. Con matices, eso sí, pero a todos les hace la misma ilusión ver sobre las tablas del Falla a familiares o amigos. Otra cosa y otro debate es que en el coliseo gaditano pueda cantar cualquiera sin demostrar calidad previa.

Pero volviendo a lo del sistema, aquí parece que no sabemos tener término medio. Que si el año pasado criticaban que el porcentaje de entradas que se vendía por internet era muy alto, pues para el año siguiente no vendemos ninguna por esa vía. Que criticaron que el ambiente no es gaditano porque había muchos aficionados de fuera, pues ponemos todas las trabas del mundo para que puedan comprar sus entradas los de fuera de Cortadura...

Que sí, que estoy de acuerdo en que hay que buscar un sistema para que el concurso sea más gaditano, que se mantenga cierta esencia y ese cierto criterio que dan los años de radio debajo de la almohada para escuchar a las agrupaciones. Pero de ahí, a lo que se ha hecho este año va un trecho. Grande además. Porque como en todo en la vida hay término medio. Y a las pruebas me remito y el objetivo no se ha conseguido. El ambiente cada noche en el Falla, por lo general, es más bien cortito. Para colmo, las segundas partes se convierten en un tedio que amenaza con eternizarse mientras en las butacas aparecen bostezos, cabezás y huídas a la barra. Por no hablar de los fenómenos migratorios masivos cuando acaba una agrupación; sea la que sea.

Está claro que ninguna fórmula para vender entradas es perfecta. Ni tampoco creo que la empleada en estos dos últimos años (por no remontarme mucho en el tiempo) sea la menos mala. Porque en el afán de innovar, modificar, cambiar, crear, reorganizar o inventar se nos olvidan iniciativas que fueron acertadas en su momento y recibieron una gran acogida del público. Me refiero, por ejemplo, a la venta de abonos. Ya sean por fase o para todo el concurso salvo la final. Un sorteo entre los que aspiren a estos bonos garantiza que esa parte del aforo que se venda por esta vía (pongamos por ejemplo un tercio) será para aficionados de verdad, que le gusta la fiesta y no son fanáticos de ninguna agrupación en concreto. Y ya puestos, tirar de sorteo para las entradas. Para otro tercio, por ejemplo, y que así no sea tan farragoso. El resto, por internet, que ahí tiene todo el mundo las mismas opciones.

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