Tinta china

Cádiz, levántate y canta

SE está perdiendo tó. Hasta el horizonte, la línea del cielo, la dignidad con vistas al mar. Arqueología sentimental gaditana. Los ruinas no olvidan el intento de privatización de la playita de las mujeres, Santa María del Mal Menor, contundente pasodoble sobre "mafias que se reparten la ciudad", amiguismo, lobos con piel de cordero, políticos cuatreros que brindan por la libertad (condicional), explotadores, piratas y ladrones. Ofú, cómo está la cosa. En estos tiempos cuadriculaos, de pensamiento único para los poderes bipolares, el Falla, y luego la calle, se convierten en reductos de la libertad de expresión. Con más veras. La divina comedia de Cádiz, la risa canina y las verdades de los poetas indómitos. En constante pugna contra la censura de la mano invisible. La vieja Cádiz no se calla, perdona pero no olvida, por más palos que le den ni se queja, sostienen los jubilosos jubilaos del Love. A la vieja Cádiz le arrojan su orgullo por las escaleras. La chirigota no puede soportar que Cádiz baje los brazos, cierre la boca y pase de todo. "Levántate", arengan. Cádiz se levanta a por un coacola. Más amor propio y dignidad, oh, la dignidad. Al lío. El resto del año, mutis por el foro. En febrero, caricias al cielo de Cádiz y puñetazos en el mentón de la hipocresía. Los del tembleque, como otros carnavaleros sensibles, bordan las piezas sociales, la hastiada Cádiz canta a sus abuelos, a las personas mayores, a las madres malpagás, a sus hijos descarriados, al olvido y al futuro ya pasado. Aunque parezca que nada se mueve, cada año se incrementan las letras de las distancias cortas, el canto al vecino, la familia, la juventud, la tercera o cuarta edad de la trimilenaria ciudad que sonríe por no llorar. Pero también hay tiempo para la guasa: los viejos lamentan que se les haya escapado otra pibita, la duquesa de Alba, y los Carapapas enfatizan que la cosita está tan chunga, la presunta crisis ha llegado a tal extremo que hasta en los colegios sobran los crucifijos, "pa que vea que hoy en día no hay nada fijo". Huyen de la norma estos comparsistas, huyen en este caso de tanto concurso dentro del concurso, y entonan una plegaria al Pocero bueno, "un hombre del pueblo que ha puesto en evidencia a todo un ministerio de vivienda".

Entre tanto gusto sobresaliente, a teatro lleno y con los aficionados desplegando las antenas pa pillar los mejores instantes, van los poetas churretosos y riman chochos con pitingos o quiebran el embrujo a base de chistes.

En la misma calle, al día siguiente del día después, repiten las jugadas en Teleteo y un artista se niega a adelantar los temas que tratarán en las coplas. "¡Pero si vamos en diferido, carajote!". El tiempo frena en seco, bienaventurados sean los comparsistas porque de ellos será el longines que sortean en la tierra del chovinismo. Aquí mismo. La comparsa de Jerez, por cierto, responde a los insultos del Canijo con otra tanda de agresividad y a la postre un gaditano grita: "¡Viva Jerez!", el nombre de un diario gratuito o algo, qué bonito, hijo, los últimos serán los primeros de segunda.

Pal pelo le dan los Tijeritas a los banqueros y a Zapatero. Sin piedad, con los cuernos, mi capitán. A los primeros, por caraduras, "toda la vida robando y abusando" y ahora mendigan una ayudita pordió, logran avales para "seguir estafando" y no aflojan la manteca. Más bien piden el despido libre, qué arte más grande. Al presidente, toquetazo en las cejas por inyectar los bolsillos de los banqueros, como única solución a la crisis, y pasar de los obreros. "Prueba a vivir con mi sueldo". No hay cohone ...

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