Cádiz se disfrazó de nuevo de macrobotellódromo pese a la crisis

  • El número de visitantes en la noche del sábado de Carnaval se redujo sensiblemente respecto a otros años · Pese a los excesos con el alcohol y las aglomeraciones de personas no se registraron incidentes

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Cádiz se volvió a disfrazar en la noche del sábado en un macrobotellódromo para los miles de visitantes que cada año llegan a la ciudad a disfrutar del Carnaval más importante de Andalucía. La noche grande de la fiesta recibió esta vez menos visitantes. La crisis, el frío y la amenaza de lluvia persuadieron a muchos, sobre todo jóvenes, de acercarse a la capital gaditana. Aun así, fueron unas 350.000 las personas que, según fuentes de la Policía Local se concentraron en las calles de la ciudad en esas horas.

Un número menor que en años precedentes y cuya cantidad corta la progresión de los últimos años. Un fenómeno, el de la toma de Cádiz por parte de visitantes en la noche de Carnaval, que ha hecho que la ciudad pierda su identidad durante esas horas. Esta vez, la caída en el número de visitantes también ha significado la reducción en los incidentes. Apenas intervenciones por casos de intoxicaciones etílicas por parte de los servicios de emergencias, que tenían su cuartel general en El Olivillo.

La Plaza de la Catedral fue el lugar de mayor cocentración de personas. En años anteriores compartia este 'privilegio' con otras zonas, sobre todo, las plazas de Mina y San Antonio. Sin embargo, el vallado de la primera y la celebración de la muestra de Carnaval en San Antonio hicieron que estas dos zonas fueran descartadas por los amantes de la fiesta, por encima del Carnaval. Así, el triángulo formado por Plaza de la Catedral, Calle Pelota y Plaza de San Juan de Dios fue literalmente convertido por los jóvenes en una suerte de botellódromo.

Ahí, procedencias de toda índole. De todos los puntos de Andalucía, de Madrid, Cataluña, País Vasco o Valencia, muchos extranjeros que estudian en la provincia y otros que llegaban a conocer la fiesta. Todos en un ambiente muy alejado del concepto de Carnaval que se tiene en Cádiz.

El número total de visitantes ha sido menor que en otros Carnavales. Probablemente la crisis tenga casi todo que ver en esta reducción, por lo que el fenémeno a buen seguro que se repetirá en otras expresiones populares como las Fallas, la Feria de Sevilla, los Sanfermines... Aun así, 350.000 personas en las calles en la noche del sábado al domingo es dos veces y media la población de Cádiz. Pese a esta concentración de miles de personas esta vez no se tradujo en incidentes de consideración. No se repitió la pelea con lanzamiento de botellas e intervención de la Policía del pasado Carnaval cuando cantaban las agrupaciones semifinalistas en el tablao.

Está fue la tónica de la noche, la tranquilidad y la ausencia de incidentes. Al menos dignos de destacar. La típica riña que pronto queda en nada y poco más. Sólo las habituales intoxicaciones por consumo de alcohol, en su mayoría de jovenes que abusaron de la bebida en lo que tenía que ser una noche de diversión.

Tampoco se produjeron actos vandálicos en las calle y plazas. El vallado de las zonas con más presencia de visitantes se ha visto incrementado este año a otras zonas por razón de las obras que se realizan enella (Plaza de Mina) y a los jardines del monumento de las Cortes de Cádiz, en la Plaza de España. Según opina la teniente de alcaldesa de Medio Ambiente, Paloma Bordóns, "eran unos de los que más deterioro sufría en esa noche de gran afluencia de público y el domingo amanecieron en buen estado".

También las vallas en la Plaza Mina (aunque sea por las obras que se están realizando) evitó el deterioro en los árboles y los jardines de esta zona que sí ha experimentado en carnavales de años anteriores.

En el apartado negativo, dos aspectos para la reflexión. El primero el dominio de visitantes sobre gaditanos en cuanto a presencia en las calles. Y la segunda la casi absoluta falta de civismo de los que se concentraban en las calles de Cádiz.

Y es que pese al gran esfuerzo del Ayuntamiento en aumentar el número de servicios públicos disponibles en la ciudad (hasta 269 este Carnaval) eran la minoría de los jóvenes concentrados en estas zonas de botellón los que hacían uso de ellos. En muchas ocasiones, incluso, orinaban en las mismas puertas de estos módulos o en sus laterales.

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