parole di carnevale

Cádiz, ciudad abierta

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QUERAMOS o no, no nos podemos escapar del tiempo que nos ha tocado vivir. Así que más nos vale adaptarnos a nuestro tiempo ya que, ni podemos huir de él, ni podemos hacer que el tiempo se adapte a nosotros. Lo primero es de cobardes. Lo segundo de mendrugos. La diversidad cultural se ha apoderado de nuestra sociedad y se ha convertido en su mayor símbolo de progreso social. Ante esta diversidad cultural existen diferentes posturas. Con diferencia, la más peligrosa es el etnocentrismo, la actitud adoptada por los que juzgan y valoran la cultura de los otros grupos desde criterios o creencias de la propia cultura. Desde la seguridad de que la suya es la buena, se desprecian y critican los elementos culturales diferentes y extraños. Esta actitud, entre otras, está en la base de fenómenos como el imperialismo o la colonización. Esta postura puede degenerar en posiciones más radicales, como el racismo o la xenofobia. Por eso me parece la más peligrosa.

Estoy hablando del Concurso. Ni más, ni menos. Y me preocupa que el etnocentrismo del que hablo siga impregnándolo en una proporción mayor que en el resto de la sociedad de la que presumimos formar parte. En ese sentido y, de acuerdo con Paco Rosado, nuestro Concurso no sólo no es un reflejo de la sociedad, sino que va 15 ó 20 años por detrás de ésta. En todos los sentidos. Autores, componentes, jurados, prensa y público: todos lo sabemos (aunque no todos seamos conscientes). Tenemos una diarrea mental de tal calibre que nos impide dar pasos adelante todos a una. Si lo da el autor, lo frena el componente. Si lo dan los dos, lo frena la prensa o el público. Si lo dan los cuatro, temen que los frene el jurado. Y para que eso no ocurra, la prensa frena al público o viceversa, éstos a los componentes y éstos, los eslabones perdidos de la cadena en cuestión de criterio propio, frenan a su vez al autor. Y vuelta a empezar. Y más de lo mismo. Y así nadie frena a nadie, es cierto. Pero también es cierto que por esto mismo es por lo que no avanzamos, porque nos frenamos mutuamente en un desesperado intento de detener el tiempo en nuestra sociedad universal de los ladrillos coloraos. Y la sociedad se nos va, y nosotros detrás. Y no reaccionamos hasta que nos damos cuenta que la estamos perdiendo de vista. Y ahora, a correr a lo loco detrás de ella. O dicho de otra manera: las denuncias más progres de nuestros repertorios son las que salían en Informe Semanal hace ahora 15 años. ¿Ahora vamos a hablar de la crisis? ¿El 15-F vamos a reivindicar a los indignados del 15-M del año pasado? Ya no sé si atreverme a continuar cantando en italiano, no vaya a ser que me frenen en seco. A ver qué es lo que hago esta noche.

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