La Cabalgata Magna se entona y repasa la historia de la música

  • Más de un millar de personas, nueve grandes carrozas y diferentes grupos de animación conforman un cortejo que mejora respecto a ediciones precedentes

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Como el pasado no existe y el futuro nunca llega, porque siempre es hoy, como disfrutar cada momento es un regalo y por eso se le llama presente, no pienso hablar en esta crónica de las cabalgatas pasadas ni de las futuras, ni de los Reyes Magos, ni me voy a poner la careta del gaditano derrotista al que lo mismo le molesta un papelillo que la cera en la calle Ancha, porque el caso es quejarse. Como lo que se impone es enjuiciar la Cabalgata de ayer, dedicada a la historia de la música por cierto, es conveniente decir que fue una buena cabalgata, con defectos, claro, como todo en esta vida, pero al menos con intención y animosa, incluso extensa para lo que estamos acostumbrados y con una gran participación. 1.084 personas tomaron parte en un desfile que tuvo una extensión de casi un kilómetro y que recorrió la avenida principal de la ciudad ante la atenta mirada de miles de personas.

Arrancó con algo de retraso pero lo hizo a buen ritmo. Me van a permitir que el mamarracho polinésico que completan charangas y sucedáneos y que sirve de prólogo a este cortejo cada año me lo salte porque sí, porque es complicado encontrar adjetivos a ese maremágnum de personas de todas las edades que viven su propia fiesta.

La Cabalgata Magna, que ya digo que no sé si alcanza la magnificencia pero al menos sí la decencia, se inició en serio con un grupo de majorettes de Móstoles, de donde Encarna y las empanadillas, y la verdad sea dicha que algún que otro muchacho empanao vimos. Menos mal que luego, para poner un poquito de ange, llegaba la primera agrupación del Concurso: 'Los cansinos', esta vez sin el milloneti Carlos Pérez, que seguramente estaría en la cagalgata de Marbella o Saint- Tropez. Eso sí, Pedro José Tamayo, Borja y Yeray Romero hicieron las delicias de los presentes con su buen humor y sus tablas a pesar de su juventud.

Luego aparecieron algunos de los grupos de animación típicos, que si caballitos medievales, que si el can-can express con carroza incluida y sus piruetas del Oeste Americano, todo ello antes de dar paso a la primera gran carroza del cortejo, dedicada al flamenco.

Y luego, 'Los niños de la Mary'. Y los móviles echando humo. Mary con su Diiiiiiigoooo, Piruleta y su hermano el Metralleta se han ganado el cariño de la afición y quedó patente en la cabalgata.

No faltó tampoco su grupo de batucada ni el guiño al soul y la música negra, como tampoco se olvidó el Carnaval gaditano de uno de los iconos musicales, un genio que nos dejó demasiado joven: Michael Jackson. A su Thriller, el álbum más vendido de la historia de la música, estuvo dedicada una carroza y como avanzadilla decenas de jóvenes se pegaron su bailecito en plan walking dead.

Una de las buenas cosas que ha introducido la organización es la presencia de los grupos premiados, salvo el de Selu García Cossío, al que su tipo condiciona a la hora de moverse. Así, además de los mencionados, pudimos ver a la chirigota del Love, al cuarteto del Gago también, a 'Los gadiritas', 'La construcción', al coro de Julio Pardo en su batea bailando al ritmo del cómo no te voy a querer o los primeros premios de chirigota y comparsas. 'Los superpop' de Vera-Luque desfilaron en un autobús descapotable y a los sones del 'Stayin alive' de Los Bee-Gees; mientras que 'Los millonarios', en otro vehículo idéntico, dejaban sonar por los altavoces sus magníficos pasodobles con Juan Carlos Aragón disfrazado del Capitán Veneno.

En un desfile tan musical no podían faltar Los Beatles, no los de Cádiz de Don Enrique Villegas, que paseó el nombre de esta ciudad por medio mundo, sino los de Liverpool, representados por cuatro jóvenes púberes que un poco desnortados saludaban a la concurrencia desde un dos caballos amarillo.

Y luego llegó uno de los números más aplaudidos de la cabalgata. Un hermosísimo caballo andaluz bailando al ritmo marcado por su jinete alrededor de seis jóvenes. Una unión perfecta con la música que emanaba de la carroza dedicada a Manuel de Falla, con un gran busto alzándose entre las torres de la Catedral de Cádiz donde reposan sus restos. Porque la música de Falla nunca debería silenciarse en la ciudad que le vio nacer. Porque no hay amor más brujo que el que Cádiz siente por la música.

En el cortejo también participó Merche, la pregonera de este año, que siguió a un tramo dedicado al heavy metal. La cantante desfiló ataviada con una levita blanca y una gran chistera roja mientras sonaban temas de su último disco.

Incluso la música clásica tuvo cabida en la cabalgata con una carroza dedicada a Mozart, que lo mismo podía haber estado dedicada a Wolfgang Amadeus Masa, el gran cuartetero. Tampoco pasaría nada si un año de estos la cabalgata se dedicara a los grandes autores y las agrupaciones históricas del Carnaval de Cádiz.

Y para terminar, como cada año, las ninfas de 2015 con su Diosa, Marta Rodríguez Álvarez lanzando papelillos y serpentinas desde su trono. Su carroza, dedicada a Apolo, cerró el cortejo, que tardó casi una hora y cuarto en pasar y que dejó un buen sabor de boca entre los presentes. Cádiz no es Salzburgo, pero la música siempre la acompaña. Hasta cuando se queja.

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