Agridulces eliminatorias que tocaron a su fin

  • Una larga preselección con Urdangarín, la Duquesa y su hijo como protagonistas

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Un minuto después de que el jurado proclamase el ya tradicional "En la ciudad de Cádiz, siendo las..." (perdón, que este año no ha sido así), ya tenía una balanza pensando sobre mi cabeza. ¿Cuánto de bueno, cuánto de malo ha dejado la sesión preliminar del Concurso 2012? Como cada año la primera reacción fue la de respirar hondo y de desembarazo, de quitarte de encima una especie de losa (ahora empieza el concurso, dicen muchos). Pero, por otro lado, casi de quedito, comienza a invadirte una sensación de nostalgia por las pequeñas buenas sorpresas que hemos podido disfrutar (algún estribillo simpático, dos o tres detalles de ánge, un tipo ingenioso, un repertorio fresco...) que ya no volveremos a ver. Qué quieren que les diga. Será el síndrome de Estocolmo, pero tengo pegado al paladar un sabor agridulce.

Malo. Al montón. Agrupaciones desafinadas, repertorios infames, segundas partes de miedo, ninguna vergüenza... El poco respeto a las tablas del Falla del que han hecho gala unos pocos concursantes o la repetición de fórmulas de éxito pero en versión sui generis te hacen plantearte si una eliminatoria previa a puerta cerrada sería lo más conveniente para la buena salud del certamen, que se alarga y se alarga con, cada vez, menos calidad.

Bueno. Siempre hay. No hablo de las agrupaciones veteranas que siempre nos aseguran un mínimo de calidad (aunque quizás también decepciona que se tomen la preliminar como un mero trámite sin dar todo lo bueno que podrían...). Hablo de esos modestos grupos que luchan con uñas y dientes por librarse de la guillotina de la preliminar y se esfuerzan para que el público pase un buen rato, que para eso han venido, que para eso pagan. Bueno siempre hay. Pero, ¿es suficiente para sostener esta eliminatoria eterna? Ojalá, algún día este debate se ponga en serio sobre una mesa porque del blanco al negro hay una gama de grises que pueden esconder fórmulas convenientes para todos.

Hablemos de los temas. Me interesan tanto los asuntos que se tocan en Carnaval porque dan una idea certera de las inquietudes que le preocupan a la ciudadanía. Y, ciertamente, muchas veces resulta decepcionante.

La boda de la Duquesa de Alba se erige como el gran motivo de mofa general. No está mal. Lástima que los golpes sean repetitivos y los enfoques muy parecidos. Peor es sacar a la palestra una serie de personajes del corazón que, año tras año, se están tragando los cuplés de nuestras agrupaciones.

El golpe maestro de Iñaki Urdangarín también ha sido acicate de ríos de tinta. En pasodobles y cuplés, en parodias y popurrís, el yernísimo ha sido el protagonista de la mayoría de las letras, compartiendo privilegio con las estúpidas declaraciones de Cayetano Martínez de Irujo sobre los trabajadores del campo andaluz.

Pero, sin duda, lo que más me llama la atención es, en la mayoría de las ocasiones, la ligereza, el populismo y la poca habilidad para tocar temas tan delicados como el caso de Marta del Castillo o las declaraciones de Artur Mas sobre el acento andaluz. Aunque hemos podido escuchar letras potentes y de peso, la mayoría han incurrido en verdaderas bestialidades como juzgar a todo un pueblo o una cultura por la opinión personal de un político o, aún peor, apelar a la vuelta de la pena de muerte, por tortura o del mismo Franco en el asunto de la joven sevillana. Bestialidades que no honran para nada la memoria de todos aquellos autores que se las vieron y se las desearon con el Régimen.

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