Del titubeante inicio al recorrido incontenible

  • El conjunto gaditano ha ido de menos a más hasta lograr su prematura salvación

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La velocidad de crucero que puso el Cádiz desde aquella victoria en Lugo en la 12ª jornada, cuando Álvaro Cervera tenía la soga al cuello, emerge como una de las claves de su prematura salvación, certificada mucho antes de lo previsto en el arranque de curso. El cambio fue radical desde aquel fatídico encuentro. El equipo amarillo había sumado 11 puntos en los once capítulos iniciales del campeonato que eran del todo insuficientes para poder cabalgar con un mínimo de tranquilidad.

Con un promedio de un punto por jornada no iba a llegar demasiado lejos. Estaba condenado a un itinerario plagado de sufrimiento. De hecho, ocupaba plaza de descenso en una temporada que se presagiaba larga y dura en busca de una permanencia que entonces era imposible imaginar que iba a estar amarrada en el mes de marzo, con tres meses de competición por delante. Las vueltas que da la vida en poco tiempo.

Pero todo se volvió de cara a partir de aquel triunfo balsámico en el Ángel Carro con aquel gol de Álvaro García tras un fantástico pase de tacón de Dani Güiza. El Cádiz se rearmó de autoestima con el que en ese momento era su primer triunfo a domicilio y la maquinaria empezó a funcionar con tal precisión que duplicó su media de puntos por partido al pasar de uno a dos gracias a los 39 que sumó en las 19 jornadas restantes hasta la situación actual. Pasó de ser un conjunto más entre los 22 de LaLiga 1|2|3 a convertirse en una referencia. El nombre del Cádiz empezó a sonar con fuerza con su irrupción inesperada.

El guión era invariable salvo en casos excepcionales: cerrar espacios atrás y explotar la velocidad por las bandas. A los amarillos no les hace falta tener la pelota para batir al rival de turno. No es necesario tocarla, basta con un par de pases para noquear al contrario.

Los jugadores se adaptaron a la categoría, tantos los debutantes como los nuevos, y el equipo se adentró en una dinámica positiva reflejada en siete victorias en nueve jornadas -entre la 12ª y la 20ª- que le propulsaron desde la oscuridad del sótano hasta las lujosas vistas de la zona vip, en la que reside de manera permanente en los últimos 14 episodios y en la que seguirá un mínimo de dos semanas más merced a la distancia que mantiene con sus perseguidores.

En el éxito que supone la temprana permanencia sobresale el bloque compacto de un equipo con mayúsculas y la aportación individual de jugadores que se revalorizan, como son los casos de Álvaro García, Ortuño, Aridane, Brian, Garrido, Abdullah, Salvi... El rendimiento colectivo y el de cada uno de los integrantes de la plantilla componen un cóctel explosivo, el de un equipo que con piel de cordero avanza paso a paso hasta donde llegue. El desenlace aún estar por escribir.

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