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La solidez, un valor seguro

  • La portería a cero se convierte en el factor determinante del prometedor comienzo de temporada del conjunto amarillo, el menos goleado de Primera y Segunda A

Lucas Bijker, al fondo, se dispone a sacar de banda en presencia de Aitor en una acción del encuentro contra el Numancia. Lucas Bijker, al fondo, se dispone a sacar de banda en presencia de Aitor en una acción del encuentro contra el Numancia.

Lucas Bijker, al fondo, se dispone a sacar de banda en presencia de Aitor en una acción del encuentro contra el Numancia. / fito carreto

La maquinaria defensiva está engrasada. Lo demuestran los números, espejo de la trayectoria de un Cádiz cuyos frutos van unidos a su denodada labor comunitaria. La milimétrica aplicación sobre el terreno de juego de una de las máximas de Álvaro Cervera coloca al conjunto gaditano como el rival más difícil de batir. El entrenador exige sacrificio defensivo en todas las zonas del campo y el resultado salta a la vista. El equipo amarillo no pudo vencer en casa al Numancia, pero resistió con un hombre menos durante 52 minutos por la expulsión de David Barral y sumó un valioso punto gracias al esfuerzo colectivo que le llevó a dejar la portería a cero.

El Cádiz, tercero en la clasificación -con los mismos 11 puntos que el líder y el segundo-, es el equipo menos goleado de Primera y Segunda División A con sólo dos goles recibidos -los mismos que el Barcelona-: el que le marcó el Córdoba en la primera jornada de Liga y el que le hizo el Real Oviedo en la quinta. En los otros cuatro duelos ligueros mantuvo la portería intacta -contra el Alcorcón, el Lugo, el Nástic de Tarragona y el conjunto soriano-. A ese póquer de partidos se unen los dos de la Copa del Rey en los que los que también dejó a cero el casillero de tantos en contra -frente al Almería y al Osasuna-.

Las cifras avalan a un equipo aguerrido, todo corazón juegue mejor o peor. La regularidad de su solidez es la que impulsa al Cádiz a las alturas. Qué difícil es perforar su portería y cuando llega ese momento hasta ahora extraño de sufrir un gol no pasa de la unidad. El secreto de este equipo es que no hay secretos. No hay una fórmula mágica y sí toneladas de disciplina, de máxima implicación de principio a fin como doctrina general y en cada acción como realidad palpable. Los jugadores llevan grabado en la piel el carácter competitivo que les permite sobreponerse a escenarios desfavorables como el del pasado domingo. Juntaron las líneas, redoblaron su esfuerzo hasta la última gota de sudor con el empeño de que se notara lo menos posible que estaban en inferioridad numérica. Corrieron sin tregua, sin dosificarse, sin perder el orden. Taparon espacios, bascularon al unísono, se ayudaron unos a otros por el bien común, aparcaron el lucimiento personal, corrieron con corazón y con cabeza ante uno de los rivales más en forma en el coletazos iniciales del campeonato. Y aunque la victoria se convirtió en un reto harto complicado, los hombres de Cervera se marcharon con la satisfacción del deber cumplido, de haber batallado por los tres puntos aunque sólo pudieron atrapar uno. Un punto en esas condiciones vale su peso en oro, acompañado de una alentadora sensación de robustez que transmite ya sea fuera o en casa.

El Cádiz ha dejado escapar cuatro puntos en el Ramón de Carranza -empates frente a Alcorcón y al Numancia- pero no pierde delante de su afición y se plantea como reto convertir su estadio en un fortín a la vez que avanza con paso firme a domicilio. De los 11 puntos que ya guarda en su mochila, seis se los ha embolsado lejos del territorio gaditano -tres en la visita al Córdoba y otros tres en el terreno del Lugo- y cinco los ha amarrado en su feudo. A partes casi iguales. Con la fiabilidad de un sistema defensivo infranqueable, el Cádiz camina con paso firme a sabiendas de que las posibilidades de éxito están íntimamente relacionadas con su fortaleza grupal. La escuadra amarilla se mueve en las alturas como pez en el agua propulsado por su positivo balance de goles en contra. Dos dianas en seis partidos supone un promedio de 0,3 tantos recibidos por encuentro, o lo que es lo mismo, uno cada 270 minutos. Una insignificancia.

La cifra contrasta con la del arranque de la temporada anterior, la del esperado regreso a la categoría de plata. En aquellas seis jornadas iniciales, en plena fase de adaptación a Segunda División A, los amarillos recibieron ocho goles -más goles que partidos-. Un año después, el equipo funciona como un bloque compacto que concede pocas ocasiones a sus contrincantes.

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