Que ruede el balón

  • El equipo amarillo busca su versión más solvente con la incógnita de cómo responderá en su primera cita tras la detención de Pina

  • Habrá al menos tres cambios en el once

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El fútbol se abre hueco como buenamente puede en medio del escándalo por el que se ha visto salpicado esta semana el Cádiz tras la detención del consejero delegado, Quique Pina, el pasado miércoles. Lo deportivo pasó a un segundo plano pero por el fin el esférico vuelve a rodar para respiro de una afición preocupada que quiere tomar aire y disfrutar de lo que sucede sobre el césped y no en los despachos. El balón cobra más sentido que nunca porque es el verdadero hilo conductor de lo que queda de este deporte. Al menos durante 90 minutos los problemas institucionales y judiciales están aparcados. Lo que importa entre las cuatro y poco antes de la seis de la tarde es que el Cádiz busca la victoria en el terreno del Nástic de Tarragona -ofrecido en directo por televisión a través de los habituales canales de pago-. Sería la manera de endulzar una de las semanas más delicadas en la historia reciente del club.

La incógnita es cómo responderá el equipo amarillo en un contexto problemático para la entidad. El entrenador, Álvaro Cervera, aseguró el jueves que los jugadores se han aislado de la situación y como profesionales que son están centrados en su trabajo y en intentar recuperar su mejor versión. La tarea del Cádiz pasa por recuperar el pulso ganador en el estadio de un adversario que también presenta un interrogante, pero de otro tipo, en este caso de cómo se desenvolverá en el estreno del técnico Nano Rivas, el tercero que se sienta en el banquillo del cuadro catalán esta temporada tras la destitución esta semana de Antonio Rodríguez Rodri y la anterior de Lluis Carreras. En la primera vuelta se impusieron los de Cervera por 2-0 con goles de David Barral y Álvaro García.

La aparición de un nuevo entrenador dificulta la labor de estudio de un contrario del que si hay alguna referencia es de las últimas jornadas de la pasada temporada, cuando Nano Rivas certificó la salvación de los tarraconenses. Quizás haya tirado de ahí el cuerpo técnico cadista para tratar de descifrar la manera de jugar de un contrincante que saldrá a por todas delante de su parroquia, con la motivación extra que supone un nuevo entrenador.

La alineación del Cádiz está condicionada por la relevante ausencia de Jon Ander Garrido, que esta vez sí tiene que cumplir un partido de sanción. Al vasco le quitaron tres tarjetas a lo largo de la Liga gracias a las alegaciones presentadas por el club, que esta semana no prosperaron en un intento de que el Comité de Competición le retirase una de las dos cartulinas que vio en el choque contra el Lugo y por las que fue expulsado. Cervera pierde a uno de sus baluartes y debe decidir quién se coloca como medio defensivo en sustitución del vasco. En teoría debería ser Fausto Tienza, destructor en la medular, aunque el propio Cervera dijo hace un par de días que el extremeño aún no está al cien por cien de forma física. No sería extraño que el preparador cadista apostase por Álex Fernández y Rafidine Abdullah, con el apoyo de Eugeni o Alberto Perea. Los que regresan al once con seguridad son Lucas Bijker -cumplió castigo la semana pasada- y Álvaro García, que dejó atrás su catarro. Una banda izquierda nueva en relación al último partido. Son tres cambios como mínimo los que hará Cervera, que dispone de artillería pesada con tres delanteros entre los expedicionarios: Carrillo, Dani Romera y Jona, el último refuerzo del mercado invernal. El primero apunta a titular, aunque no se puede descartar otra opción, hasta la remota de que el míster apueste por dos arietes de salida.

Los gaditanos comparecen en la ciudad bañada por el Mediterráneo en una privilegiada segunda posición que pretende mantener una semana más. Acreditan 43 puntos, seis menos que el Huesca, líder inalcanzable a día de hoy, dos más que el Real Oviedo y tres por encima del Rayo Vallecano y el Lugo antes del comienzo de la 25ª jornada.

La diferencia respecto al Nástic es de 15 puntos. El conjunto rojillo es inquilino del 17º puesto con 28 y está metido hasta el cuello en cruenta la batalla por la permanencia -sólo un punto más que el 19º-.

El de esta tarde es, por tanto, un duelo de intereses contrapuestos. Si los amarillos saborean el triunfo, no sólo continuarán arriba sino que además podrían incrementar la distancia con algunos de sus rivales directos. Si pierden pondrían en peligro su continuidad en la plaza de ascenso directo.

El reto de la victoria adquiere un valor añadido para evitar entrar en la oscuridad del túnel que provocaría una dinámica negativa. El Cádiz acumula dos partidos consecutivos sin poner en práctica el verbo vencer -derrota (1-0) en Alcorcón y tablas en el Carranza ante el Lugo (1-1)- y le conviene regresar a la senda adecuada sin más dilación.

En el caso de que no sea posible ganar, un empate a priori no sería un mal resultado al tratarse de una visita complicada, como todas. Sorprender fuera casa cada vez es más difícil a medida que la competición avanza hacia la línea de llegada.

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