La rehabilitación de Wilfried Moke

  • El congoleño, que pensó en dejar el fútbol, confía en devolverle la confianza a su valedor: Vidakovic

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Quien no tiene padrino, no se bautiza. Wilfried Moke ha recalado en el Cádiz como una apuesta personal de Risto Vidakovic: su gran valedor. El futbolista congoleño y el entrenador serbio ya coincidieron la pasada temporada en el Écija, también en Segunda División B, y este curso liguero volverán a unir sus destinos en las filas del equipo amarillo.

"Habrá que pelear mucho hasta el final para hacerse un hueco en el equipo titular, pero yo voy a trabajar duro". Moke atendía ayer a la prensa con una sonrisa, muy motivado. El centrocampista ha dejado buenas sensaciones en sus últimas actuaciones tras un inicio de pretemporada dubitativo y espera ir devolviéndole a Vidakovic la confianza que el serbio viene depositando en él durante los dos últimos años.

Atrás quedan malos tiempos en los que incluso llegó a pensar en dejar el fútbol. Después de su etapa en Francia, un malentendido con su club -un modesto equipo de París llamado Olympique Noisy-le-Sec, con el que debutó en Tercera División en edad juvenil- le cerró las puertas a otros conjuntos. "Cuando alguien estaba interesado en mí, y llamaba para pedir referencias, hablaban muy mal. Por ello, pensé en dejarlo todo", reconocía Moke al poco tiempo de asentarse en España.

El azar hizo que un representante, que a su vez conocía a un agente italiano que trabajaba con equipos españoles, le consiguiera una prueba en el Linares de Delfín Cañas. Siendo diestro, Braojos lo probó como lateral izquierdo. Y fue descartado.

De ahí pasó al San Fernando, cuyo dirigente también era Delfín Cañas. Y del conjunto isleño, se fue al Puertollano. Tampoco tuvo suerte y se marchó cedido al Socuéllamos de Tercera. Tras estar a punto de firmar por el Rayo Vallecano B, Canito le consiguió una prueba en el Écija. Y ahí conoció a su gran valedor: Risto Vidakovic.

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