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Un paso al frente con juego embellecido

  • El equipo amarillo despliega su versión más elegante para adentrarse en una dinámica positiva

  • Dejar la portería a cero, clave de la resurrección

Carrillo celebra el gol que marcó el pasado lunes ante el Reus. Carrillo celebra el gol que marcó el pasado lunes ante el Reus.

Carrillo celebra el gol que marcó el pasado lunes ante el Reus. / Fito Carreto

Ganar es sinónimo de tranquilidad en el deporte profesional. Lo que cuenta a la hora de la verdad son los marcadores favorables más allá del buen trabajo que se desarrolle en los ensayos. Sin éxitos lo demás acaba sobrando y ahora que el Cádiz se reconcilia con la victoria, las aguas resultadistas vuelven a su cauce. Servando reconocía poco después del triunfo sobre el Reus que los tres puntos sumados en Almería dieron vida a un equipo amarillo que hasta entonces no encontraba la puerta de salida del laberinto -llegó a encadenar ocho jornadas sin ganar-. No hay nada más reconfortante que hacer realidad el objetivo, no sólo por los puntos. El estado anímico también es fundamental, una inversión encauzada para siguientes envites. A ese quizás se refería el capitán al recordar la victoria de la semana anterior, que sin duda reforzó la autoestima colectiva e individual de unos jugadores que creyeron aún más en lo que hacen.

Con esa confianza recuperada en el Mediterráneo saltaron al césped del estadio Ramón de Carranza y se cenaron al Reus en un extraño lunes de fútbol cerrado con la sonrisa delatadora del deber cumplido. Hacía falta dar con la diana en casa después de dos meses -cuatro encuentros- sin vencer. Habían volado demasiados puntos -11- de un Carranza que debe convertirse en una fortaleza si los amarillos quieren moverse en la zona media alta de la clasificación.

La autoestima crece a la vez que la cosecha de puntos. El Cádiz deja atrás la mala racha y abre la vía de una dinámica positiva de tres partidos consecutivos sin perder -dos triunfos seguidos y un empate ante el Rayo Vallecano-, cercana a la del arranque de la temporada, cuando alcanzó cuatro y se aupó al liderato con 10 puntos.

La victoria frente a un conjunto catalán que sólo había perdido dos duelos -sólo uno a domicilio- se forjó sobre la base de un primer tiempo excelente, no sólo el mejor de esta campaña, quizás también desde el aterrizaje de Álvaro Cervera en el banquillo. Los gaditanos desarmaron la poblada defensa rojinegra, compuesta por cinco hombres -tres centrales y dos laterales- precisamente para tratar de neutralizar la velocidad por banda de los locales.

Los amarillos no sólo entraron por los costados como Pedro por su casa. Impidieron la salida del balón los visitantes con una eficaz presión atosigante y llevaron la iniciativa en el juego como nunca antes lo habían hecho. Salió a relucir el Cádiz más desconocido, el más resplandeciente, el de un equipo acostumbrado a desenvolverse al contragolpe que se puso el traje de gala para tocar de un lado a otro con criterio milimétrico, con un trato exquisito del esférico, con un fútbol aterciopelado sin renunciar a su habitual rapidez. Todos los jugadores brillaron con luz propia en ataque y en defensa. No pasó un minuto sin que el cuero entrase en el área en una permanente pujanza por el gol, que llegó antes del que sí subió al marcador pero ni el árbitro ni el auxiliar vieron que el balón lanzado por Lucas Bijker traspasó la línea de la portería justo antes de que Pablo Íñiguez lo despejara desde el interior. Con lo que le cuesta al Cádiz hacer un tanto, tuvo que continuar con su persistente asedio hasta que nadie pudo poner en discusión el certero cabezazo con el que Carrillo alojó la pelota en el fondo del arco.

Esos 45 minutos iniciales se convierten en el objeto de deseo de cara al futuro. Si los gaditanos consiguen desplegar un juego parecido y también más prolongado durante un partido, no sólo llegarán más victorias sino que además dejarán de ser conocidos sólo por sus cualidades a la contra. Son capaces de tener la pelota, de dar varios pases sin que el balón vaya al bando contrario, sin renunciar a la garra, una de sus señas de identidad. El Reus sólo fue capaz de contener la oleada ofensiva cuando se fue arriba y trató de aprovechar el desgaste físico de su oponente.

Cuando los de Cervera llevaron el peso del partido se sintieron más cómodos que en la segunda mitad, momento en que los reusenses quisieron ir a por el empate. Fue entonces, en el tramo en que se abría el escenario ideal para el Cádiz, con espacios para sorprender a contramano, cuando se le nublaron la ideas. La vida al revés. Redujo sus internadas en el área, no sentenció cuando mejor lo tenía y la mínima ventaja deparó un final preñado de incertidumbre. Aunque el Reus apretó sin hacer daño, sí tuvo su ocasión con un disparo al larguero que pudo haber cambiado el signo de la quiniela. Hubiese sido injusto, pero el miedo a no ganar fue aumentando hasta que el último pitido dio paso a un alivio generalizado en la parroquia cadista.

Dos hechos relevantes tuvieron un peso determinante en la reconciliación con victoria en el santuario cadista. Uno, el solitario gol, que a la postre fue suficiente. Dos, dejar un día más la portería a cero. El Cádiz se postula como una de las escuadras más sólidas de la categoría de plata números en mano. Por segunda vez esta campaña enlaza tres compromisos sin recibir un tanto -en los albores lo consiguió frente al Alcorcón, el Lugo y el Nástic- y es el único equipo, junto al Osasuna, que deja el arco vacío en las tres citas más recientes tachadas del calendario. El cuadro navarro, con ocho tantos en contra en 14 jornadas, es el menos goleado de LaLiga 1|2|3 por delante del Huesca, con nueve, y el Cádiz, con 10 -un promedio de 0,7 por partido-, los mismos que el Sporting de Gijón, su próximo adversario.

El Cádiz es el equipo que más encuentros termina a cero en su portería, un total de ocho. Es el asidero al que se agarra con energía para progresar en la tabla.

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