Dos mundos paralelos

  • La escuadra amarilla mantiene su pujanza en las alturas con cierto margen de error pese a los problemas sufridos para llegar a la portería contraria en los últimos partidos

El Cádiz mantiene el pulso en la prolongada contienda en la que anda metido merced a la temprana permanencia amarrada gracias a su elevada producción de puntos. La amplia renta adquirida le permite transitar con la tranquilidad del deber cumplido pero con la ambición del nuevo objetivo de la batalla por cotas mucho mayores de lo imaginable antes del comienzo de la campaña del regreso a Segunda División A. Se ha ganado, números en mano, disponer de un margen de error que le da para continuar instalado en la zona noble de la clasificación. Ha sumado sólo un punto de los últimos seis pero sigue arriba, con la ilusión al máximo nivel aunque con la necesidad de reencontrarse con la victoria cuanto antes para evitar poner en peligro su situación de privilegio.

El conjunto entrenado por Álvaro Cervera se mueve en dos mundos paralelos. Uno, el clasificatorio, el que refleja su excelente recorrido a lo largo de la campaña y el que le convierte, desde hace semanas, en serio aspirante a participar en la fase de ascenso el próximo mes de junio. Ya no hay caretas a estas alturas de la temporada, con 32 hojas ya arrancadas del calendario y sólo dos mes y medio de Liga por delante. El lobo ya no tiene piel de cordero.

Otro mundo es el del actual estado del equipo, al que nadie puede discutir su entrega de principio a fin aunque en las últimas dos jornadas encuentra dificultades para conectar en ataque al no atravesar su mejor momento en el trato con el balón, arrastrado quizás por al menos un par de factores. El primero, por la estrecha vigilancia que ejercen los rivales sobre los jugadores de banda, conscientes de que sin velocidad por los costados el Cádiz ya no es tan temible. El segundo, por la ausencia de Rafidine Abdullah, el futbolista de la plantilla con más clarividencia con el esférico. Sin él se resiente el juego de creación, faltan ideas y la pelota deja de llamar a la portería contraria. Cuando él no juega el equipo no gana. Es un hecho en las últimas dos citas y en las otras cinco en las que no se vistió de corto: empates ante Almería, Mallorca -en la primera y en la segunda vuelta- y Levante, y derrota contra el Real Oviedo en el Carranza.

Con los extremos desactivados y el comorense fuera de combate -lesionado en una rodilla, la incógnita es cuándo podrá volver a estar disponible-, las ocasiones de gol escasean. Los amarillos apenas tiraron a puerta en el encuentro contra el Tenerife y llegaron muy poco al área contraria en la antigua Condomina en el envite frente al UCAM Murcia, un rival que nunca se le ha dado bien a los gaditanos a domicilio.

Cuerpo técnico y jugadores tienen trabajo por delante para tratar de dar con la tecla en las labores ofensivas. Si los contrincantes taponan las bandas, habrá que buscar otro recurso. El entrenador apostó en Murcia por la calidad de Aketxe, pero el atasco continuó.

Frente a las recientes dificultades para hacer daño a los adversarios, la escuadra gaditana derrocha esfuerzo hasta derramar la última gota de sudor. Sólo ha marcado un gol en los dos últimos partidos pero planta cara al adversario, compite sin tregua como un bloque y muestra sobriedad salvo excepciones. En Murcia no ofreció argumentos en ataque pero fue capaz de maniatar al cuadro universitario, que apenas generó oportunidades en un partido más propio de 0-0 que del 1-1 final. Un fallo defensivo aislado y el acierto del ex cadista Jona propició el gol el UCAM pero la reacción del Cádiz fue inmediata con el tanto del empate ocho minutos después.

En un breve intercambio de golpes se resolvió un duelo marcado por el exceso de precaución por parte de ambos bandos. Los dos equipos se conformaron con el punto y no arriesgaron en busca de un premio mayor. Más vale un punto en la mano que cien volando y por eso Álvaro Cervera dio por buena la igualada fuera que deberá hacer buena en casa.

El preparador cadista no ocultó después del encuentro que la escasez de ideas con el cuero dejó a los suyos sin opciones de llegar con peligro en ataque. "Si no conseguimos fluidez con la pelota es difícil montar una contra porque la gente de arriba se machacan a correr". El desgaste físico que supone correr detrás el balón de manera casi permanente emerge como un inconveniente cuando llega la hora de mirar el área contraria.

Y como novedad, las rotaciones que empezó a aplicar el técnico en una operación de microcirugía con pocos cambios en busca de frescura.

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