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Un histórico de menos a más

  • El conjunto pucelano se rehízo de un pésimo arranque de Liga y anda metido en la pugna por consolidarse en las posiciones de promoción

Varios futbolistas del Valladolid rodean a un jugador del Reus durante el último partido del conjunto pucelano. Varios futbolistas del Valladolid rodean a un jugador del Reus durante el último partido del conjunto pucelano.

Varios futbolistas del Valladolid rodean a un jugador del Reus durante el último partido del conjunto pucelano. / real valladolid.es

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El Real Valladolid forma parte de la extensa nómina de equipos que pone sus miras en el ascenso a Primera División, el objetivo prioritario de un club que el pasado verano renovó con tanta amplitud la plantilla que apenas quedan cinco jugadores de la campaña anterior, entre ellos el ex cadista Juan Villar, inmerso en su segunda andadura en el conjunto castellano y leonés tras su salida de la escuadra amarilla.

Le costó arrancar al conjunto norteño mientras procedía al ensamblaje de las numerosas piezas nuevas y recuperaba a jugadores lesionados. Perdió los cuatro encuentros iniciales pero los dirigentes tuvieron paciencia y el equipo empezó a funcionar, abandonó los puestos de descenso y ahora, desde la séptima posición, en zona de promoción para subir -el Sevilla Atlético, quinto clasificado, no puede disputar el play-off-, aprieta para consolidarse en la parte alta de la tabla empujado por una dinámica positiva que se traduce en tres victorias y un empate en las últimas cinco jornadas.

Otro histórico con aspiraciones ambiciosas se cruza en el camino del Cádiz, aunque resulta llamativo que el equipo que pisa esta tarde noche el césped del estadio Ramón de Carranza como visitante es uno de los pocos que transitan por debajo del amarillo en el escalafón del límite salarial para cada plantel establecido por la Liga de Fútbol Profesional: 4 millones de euros es el máximo al que puede llegar el cuadro vallisoletano -el cuarto más bajo de la categoría de plata-, 100.000 menos que la entidad cadista -sólo un peldaño más arriba-.

Si por algo destaca el último rival del Cádiz en la primera vuelta del torneo de la regularidad es por la decidida querencia por el balón.

El entrenador, Paco Herrera, aplica una filosofía de juego alegre, en la que la posesión es una de las claves. Su discurso gira en torno al esférico. Cuando el Valladolid tiene la pelota en su poder, se convierte en un adversario muy peligroso. El club buscó un técnico con experiencia en Primera. Herrera dirigió al Numancia en el curso en el curso 2000/01 en la máxima categoría, a la que también condujo para después a Celta de Vigo (2012/13) y Las Palmas (2015/16) para afrontar el reto del salto a la élite. La idea es ganar pero además jugar bien sin miedo, con sus futbolistas posicionados de manera adecuada y asociados en la diversas zonas del campo por donde se desenvuelve el juego en cada momento. La base del preparador es el dominio del centro del campo con despliegue físico pero sobre todo con toque de balón para desarbolar al rival.

Suele emplear un 4-1-3-2, es decir, un mediocentro y un rombo de tres jugadores con capacidad para llegar arriba, además de dos delanteros. Vocación ofensiva sin rodeos. Aunque no renuncia a otros modelos clásicos como el 4-4-2 si es necesario. Todo depende del partido y de su desarrollo. Otra de las claves es la capacidad de adaptación a las situaciones que se dan dentro de un partido.

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