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La dulce paradoja del modesto

  • El conjunto amarillo escala al pico más alto pero se resiste a quitarse la piel de cordero mientras demuestra ser el equipo más eficaz de la Liga

Álex Fernández protege el balón ante el acoso del barcelonista Aleñá. Álex Fernández protege el balón ante el acoso del barcelonista Aleñá.

Álex Fernández protege el balón ante el acoso del barcelonista Aleñá. / jesús marín

Pocos minutos después de la victoria sobre el Barcelona B, nada menos la séptima consecutiva en la Liga -al alcance sólo de un equipo-, llegaba el turno de las declaraciones y fue entonces cuando se escenificaba la feliz paradoja en la que se sumerge el Cádiz. El equipo amarillo acababa de asaltar el liderato -de manera provisional- y como mínimo se aseguraba terminar la 19ª jornada en la segunda posición, de ascenso directo. Pero el discurso de los protagonistas en nada se pareció al de un equipo que ostenta el liderato. Tanto el entrenador, Álvaro Cervera, como Dani Romera y Salvi, se ciñeron a la pauta oficial, la de los famosos 50 puntos que en principio son necesarios para abrazar la permanencia. Nada ni nadie logra desviar ese argumento a los integrantes de la plantilla.

La prioridad es alcanzar esa cifra redonda para la que sólo restan 15 puntos de los 69 que todavía están por disputar. Y la bendita realidad es que los 35 puntos que atesora superan en dos los que consiguió en toda la primera vuelta del curso anterior. Y en el actual ejercicio aún quedan dos encuentros -contra el Tenerife a domicilio y frente al Granada en el estadio Carranza- para el ecuador del campeonato. Si logra el triunfo en esas dos citas llegará a los 41 con toda la segunda vuelta por delante. La situación no puede ser más favorable.

La proyección de puntos al final de la Liga, si es capaz de mantener el ritmo, es de más de 70 y con esa cuenta podría optar a uno de los billetes para acceder a la élite por la vía rápida -el Girona lo logró con 70- o en todo caso sacar el billete para el play-off. Nadie en el club va más allá del objetivo inicial, que empieza a quedarse muy pequeño -como en el mismo tramo de la pasada campaña- pero que nadie olvida en un alarde de prudencia.

No deja de ser llamativo que el primero de la larga lista de 22, metido hasta el cuello en la batalla por dar el salto a Primera a día de hoy, no hable de la posibilidad del ascenso y sí de evitar cuanto antes la opción de caer al abismo de la Segunda B. En la línea marcada por esa senda, ahora mismo el Cádiz es el alumno aventajado que tiene más cerca la salvación. Ha recorrido más camino que los demás y tiene el plus añadido de no sentir presión por un ascenso que no figura entre sus obligaciones. No cabrán reproches si no sube.

Los números, excelentes, no distorsionan la mezcla de humildad y ambición que impera en el conjunto amarillo. En el vestuario saben que van por el buen camino, aunque son conscientes también de que igual que ahora están inmersos en una dinámica casi irrepetible que les conduce a la cima, de pronto pueden verse envueltos en una racha negativa que frene su producción de puntos. Ya sucedió entre la quinta y la 12ª jornada, cuando los amarillos sólo sumaron cuatro puntos de 24 y ocuparon una ya lejana 16ª plaza. Es tanta la igualdad que la derrota, ahora desaparecida del mapa, es una opción real ante cualquier adversario. Por eso nadie se confía. Nadie va más allá de lo que toca en el presente. El día a día es el motor del futuro. Bajar la guardia no está entre los planes de un equipo que va como un tiro pero que no olvida que aún debe luchar a tope para hacer realidad sus retos, siempre desde la premisa de la humildad. Lo contrario sería un error y la plantilla lo sabe de sobra. Como sabe también que está haciendo vibrar a una afición que sigue soñando con lo más alto. Hay motivos para ello aunque la verdadera batalla por el ascenso se librará más adelante. Hay que equipos que tienen que ir a más y quizás otros vayan a menos. Mientras tanto, el cadismo disfruta con el paso firme de los suyos, que demuestran semana a semana su capacidad para reducir sus carencias a la mínima expresión y sacar petróleo a sus cualidades.

Hay que ganar cada punto con el máximo esfuerzo. Esa consigan está grabada en el plantel. "En el campo defendemos los once", explicaba Salvi después del encuentro contra el filial azulgrana. Esa es una de las claves de este Cádiz insaciable que aplica a rajatabla el axioma de que primero es la defensa y luego es el ataque. Así funciona con la precisión de un reloj suizo, victoria tras victoria, con actitud y aptitud para cocinar los partidos y sacarlos adelante. El equipo de Cervera no suele jugar mejor que sus rivales, que en ocasiones destacan por su calidad -como el Barcelona B- y su elevado porcentaje de posesión del esférico, pero sí es superior en la eficacia, que es lo que cuenta de verdad. Es la clave del éxito. No ofrece un fútbol vistoso pero sí práctico cuyos resultados saltan a la vista.

Los futbolistas del Cádiz han interiorizado que deben correr como mínimo igual que sus adversarios. El despliegue físico para sostener el férreo sistema defensivo está acompañado de un factor determinante que consiste en descifrar la clave para superar al oponente. Aprovecha su momento, como volvió a hacerlo el viernes cuando despertó tras el descanso e irrumpieron por las bandas Salvi y Álvaro García, dos trenes de alta velocidad que no hay quien los pare. Acaban apareciendo tarde o temprano y entonces forman el taco. Entre ellos fabricaron el primer el gol -centro del utrerano y remate del sanluqueño en boca de gol- y con el 1-0 la noche se tornó plácida. Se desató el huracán amarillo y todo fue más fácil después de una primera parte soporífera.

El Cádiz echó de menos por momentos la jerarquía de José Mari pero supo ingeniárselas para vencer. Nadie se acordó de que Cervera, limitado por las bajas en la media, no pudo desplegar un sistema con trivote que fue la semilla de la resurrección del equipo. El Cádiz va tan lanzado que también gana sin ese trivote. Una vez más aplicó la máxima de que si marca primero gana el partido. No hay rival que pueda con los amarillos cuando éstos van con ventaja en el marcador. Y eso que el cuadro catalán acabó con la racha de siete partidos sin recibir un gol. Los récords son reflejo de la buena marcha de un equipo, pero no dejan ser anécdotas. Mientras el Cádiz gane, lo de menos es que perforen su portería. ¿Quién no firmaría ganar siempre 3-1 como el otro día? El tanto de Marc Cardona demostró que el conjunto amarillo es humano.

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