El campeón sonríe al final

  • El Málaga defenderá su trono ante Las Palmas tras derrotar al Villarreal gracias a un tanto de Adrián en el tiempo de prolongación de un partido soso y con pocas oportunidades

El Málaga se convirtió anoche en el segundo finalista del Trofeo Ramón de Carranza al imponerse por la mínima al Villarreal en un partido soso, más bien aburrido y con escasas opotunidades, que se resolvió en el tiempo de prolongación gracias a un postrero tanto de Adrián González. El campeón de la pasada edición no fue mejor, tampoco peor, pero hoy defenderá su trono ante Las Palmas.

Los primeros compases del encuentro mostraron las intenciones sobre todo del cuadro castellonense, que ejercía una intensa presión en campo rival parar robar y llegar con rapidez a las inmediaciones de Roberto Correa. Sin embargo, pese al buen hacer de Samu Castillejo en la elaboración y cuando caía por la derecha y el protagonismo de Llambrich para surtir de baloles a su compañero de banda, lo cierto es que la iniciativa en el juego no encontraba recompensa en forma de oportunidades claras de gol.

Poco a poco, el conjunto costasoleño fue sacudiéndose el dominio y, tocando al primer toque desde la zona ancha para abrir el campo a continuación, equilibró la contienda. Así y todo, el choque traspasó el cuarto de hora sin que los porteros hubiesen tenido el menor problema.

Con el Málaga, ahora sí, hilvanando y haciendo combinaciones en el terreno del Villarreal, llegó la primera acción de ataque digna de mención en una falta botada por Recio que propició el despeje a córner en semifallo de Andrés Fernández.

Mediada la primera mitad, el duelo entró en una fase más anodina y fea para el espectador por las repetidas interrupciones como consecuencia de entradas a destiempo que el colegiado optó por no sancionar con tarjetas. Al fin y al cabo, aún estamos en pretemporada.

El primer acercamiento serio de los amarilllos se produjo antes de la media hora en una contra que Sansone finalizó con un remate seco y raso pero centrado y sin excesivas dificultades para el guardameta. Acto seguido, un despeje de Llambrich terminó llevando el uy a las gradas.

Definitivamente, los blanquiazules se habían hecho dueños de la zona ancha y su adversario contrarrestaba con salidas rápidas, aunque en la recta final del periodo inicial volvió a templar la bola con la intención de recuperar el mando del partido. El objetivo, no obstante, sólo lo alcanzó por momentos y el descanso sobrevino con un tiro de Recio que casi se le escapa a Andrés Fernández como noticia más reseñable.

La segunda parte comenzó igual que la anterior, con el Villarreal apretando arriba y el Málaga tratando de responder al sometimiento, lo que logró con celeridad porque en el 55' Borja estuvo a punto de inaugurar el marcador al culminar una jugada desde la izquierda con la mala fortuna de golpear el cuero al cuerpo del cancerbero.

La continedad mantenía el mismo equilibrio de fuerzas porque ni uno ni otro dominaba con claridad, ni las acciones de peligro se sucedían. Por el contrario, las imprecisiones y el centrocampismo marcaban la pauta para desesperación de los aficionados, deseosos de ver algo de espectáculo.

Luis Hernández resolvió con un remate alto un ataque malacitano justo antes de que, en el minuto 62, Semedo derribara a Borja Bastón dentro del área. El manchego Alberola Rojas no dudó en señalar el punto fatídico pero Adrián no pudo superar en el lanzamiento de penalti a Andrés Fernández, que le adivinó la intención tirándose a su derecha.

El error en la pena máximo no cambió para nada el panorama. Como había sucedido antes del intermedio, a los intentos de los amarillos por generar juego desde su campo respondían los blanquiazules con otro tanto de lo mismo, en ambos casos sin continuidad ni evidente superioridad.

El movimiento en los banquillos tampoco sirvió para arreglar mucho. Más bien al contrario, el choque siguió aburriendo a las ovejas, carente de explosividad, de chispazos, de brillantez. Muy poquito se veía sobre el césped para lo que se espera de dos escuadras de Primera. Por más que aún estemos en pretemporada, Málaga y Villarreal ofrecían apenas un atisbo de lo que son capaces de dar de sí.

Precisamente uno de los recién entrados en el campo, Bakambu, gozó de una extraordinaria ocasión para adelantar al Villarreal, pero la buena acción de ataque por la derecha acabó en córner.

El encuentro enfilaba su recta final sin nada nuevo. Contadas oportunidades, centrocampismo, dominio alterno, imprecisiones. La sensación para el respetable era que, salvo una acción aislada, ni los de Míchel ni los de Fran Escribá iban a mejorar sustancialmente lo visto hasta el momento.

Así, los dos minutos de prolongación tras el 90 no variaron un ápice las cosas, con dos contendientes que firmaban las tablas y puntuales intentonas que se quedaban en eso.

Claro que el fútbol es fútbol y hasta el rabo todo es toro. Todo parecía visto para sentencia cuando una última jugada del Málaga concluyó con el gol de Adrián tras centro de Mula. El hijo de Míchel decidió, nunca mejor dicho, sobre el pitido final, no en vano el colegiado ni siquiera dejó sacar de centro al Villarreal, que fue víctima de su conformismo pero no mereció perder más que el propio Málaga. La suerte del campeón de la pasada edición inclinó la balanza, pero a decir verdad ni costasoleños ni castellonenses mostraron nada del otro mundo. La falta de tensión propia de la pretemporada la pagaron los aficionados con un partido que desde luego no pasará a la historia del Trofeo.

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