El balón, sólo para golpear

  • El conjunto amarillo inaugura la temporada agarrado a la eficacia con una hoja de ruta calcada a la del curso anterior, en la que la posesión del esférico pasa a un segundo plano

Servando (i) y Marcos Mauro acechan a Sergi Guardiola en un lance del partido disputado en el Nuevo Arcángel. Servando (i) y Marcos Mauro acechan a Sergi Guardiola en un lance del partido disputado en el Nuevo Arcángel.

Servando (i) y Marcos Mauro acechan a Sergi Guardiola en un lance del partido disputado en el Nuevo Arcángel. / o. barrionuevo

El Cádiz copia la lección de la pasada temporada para firmar un frenético arranque de campeonato, como si la Liga que acabó hace algo más de dos meses continuara abierta. El conjunto amarillo aplica de inicio el mismo método que el ejercicio anterior le elevó hasta las alturas: despliegue físico sin tregua, robo de balón, contragolpe de proporciones letales y acierto en las dos áreas. Cuando el conjunto de Álvaro Cervera agita en la coctelera todos esos ingredientes, la mezcla resulta letal por mucho que el adversario conozca la manera de emplearse de los gaditanos. El Córdoba sabe de sobra cómo se maneja el rival, pero no encontró la fórmula para contener la oleada de contras en la primera mitad que terminaron por inclinar la balanza del lado visitante.

No hay antídoto que pueda combatir la velocidad de un equipo que explota al máximo su verticalidad, que juega de memoria consciente de sus virtudes y sus defectos. En el Nuevo Arcángel, el Cádiz fue fiel a sí mismo. Cumplió a rajatabla su guión y empujó a su contrincante a variar el suyo. El equipo amarillo no busca la posesión del esférico. No le interesa tener el balón y se lo entrega a su oponente ¿Para qué tenerlo si con dos o tres toques rápidos se planta en la portería contraria? El 0-1, un golpe certero a los 38 segundos de partido, nació con un pase a Salvi, una galopada del extremo y un pase medido para que Barral culminara la acción con un remate inapelable. Todo a una velocidad de vértigo que dejó sin respuesta a los verdiblancos, que llegaban al estreno liguero con un balance inmaculado de ocho victorias en otros tantos partidos y antes del primer minuto chocaban con la cruda realidad de la competición oficial.

El Cádiz trazó un recorrido similar al del Real Madrid en la pretemporada, con las lógicas distancias entre uno y otro. Los dos transitaron por la senda de la irregularidad durante la preparación pero cuando llegó la hora de la verdad, la de los partidos oficiales, dieron el do de pecho. Los de Zidane conquistaron dos títulos en una semana y los de Cervera cazaron tres puntos en un estreno liguero que dejó a un lado las dudas generadas en las últimas semanas.

El cuadro amarillo mira al frente con optimismo espoleado por un triunfo de mérito aunque todavía se halla inmerso en proceso de adaptación a la nueva campaña que fija un primer horizonte en los 50 puntos. Ya quedan tres menos para empezar a soñar. Paso a paso, día a día, semana a semana y con una necesaria progresión que evite que el portero se tenga que convertir en el jugador más destacado, como sucedió en el Nuevo Arcángel en la segunda parte. Determinados desajustes colectivos y algún error individual propiciaron claras oportunidades del adversario, que marcó en una acción a balón parado. El Cádiz defendió la estrategia con eficacia -el Córdoba lanzó un sinfín de saques de esquina y faltas- y fue en las jugadas con la pelota en movimiento cuando más sufrió. El rival tuvo el balón en su poder demasiado tiempo mientras el Cádiz, que salió del vestuario con el 0-1 en el bolsillo y marcó el segundo antes del descanso, se obsesionó con la defensa del resultado, rehuyó el contacto con el cuero y Cifuentes se enfundó el traje de héroe. El plan funcionó. El del curso pasado, vigente para el actual. El problema puede llegar cuanto toque llevar la iniciativa. Como el año pasado.

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