fase de ascenso a primera división

Prolongar el sueño

  • El Cádiz devuelve la visita al Tenerife con la ambición de hacer bueno el gol de ventaja conseguido en el choque de ida y entrar en la final. Ortuño o Rubén Cruz, la gran incógnita.

La plantilla, esperando el vuelo en el aeropuerto de Jerez La plantilla, esperando el vuelo en el aeropuerto de Jerez

La plantilla, esperando el vuelo en el aeropuerto de Jerez / Miguel Ángel González

Como era previsible cuando el caprichoso destino cruzó los caminos del Cádiz y el Tenerife en la eliminatoria inicial por el ascenso a Primera, el desenlace está reservado para el partido de vuelta que hoy se disputa en el Rodríguez López (a partir de las nueve de la noche en la Península, una hora menos en Canarias, ofrecido en directo por televisión a través de Movistar Partidazo, Vodafone, Orange y Telecable).

El quinto clasificado en el campeonato doméstico visita al cuarto con una mínima ventaja de 1-0 que mantiene abiertas las posibilidades de los dos contendientes de llegar a la última y definitiva ronda. El Cádiz se agarra con fuerza al asidero de ese golazo que Aketxe marcó en la segunda parte del choque de ida que trata de hacer bueno en territorio insular sólo 72 horas más tarde. El Tenerife se aferra a su condición de local, arropado en masa por su afición, para intentar levantar un resultado adverso. Todo está por decidir en 90 o quizás 120 minutos de alto voltaje.

El escaso margen para el descanso, después de diez meses de competición, irrumpe como una de las claves en el desarrollo del encuentro. Las opciones de éxito serán mayores para el que atesore más energía en un duelo a vida o muerte. Álvaro Cervera, apostará por la base del once que brilló hace tres días en el Carranza. Si aplica alguna variación será mínima. El entrenador sorprendió el jueves con Rubén Cruz en la delantera en detrimento de Ortuño, que por primera vez esta campaña se quedó fuera de la alineación por decisión técnica. La carta le salió ganadora a Cervera y la incógnita es si hoy se saca otro as de la manga.

Sea como sea, el Cádiz tiene una cita con la historia. Una oportunidad de oro quiere aprovechar, como dejó de manifiesto en casa. Pero queda lo más difícil: dejar en la cuneta a un contrincante que no ha dicho su última palabra y hoy, en su bombonera convertida en una olla a presión, no se lo pondrá nada fácil al equipo amarillo. Los jugadores llamados a empezar el partido son Cifuentes en la portería, escoltado en defensa por Carpio, Aridane, Sankaré y Brian o Luis. Los motores en la medular serán un día más Garrido y José Mari, flanqueados en las bandas por los veloces Salvi y Álvaro García. Aketxe apunta a la zona de tres cuartos y el inquilino del puesto más adelantado saldrá entre Rubén Cruz y Ortuño salvo que el míster se valga de otro recurso. Todos los componentes de la plantilla forman parte de la expedición y están disponibles, aunque Güiza lleva pocos entrenos una vez recuperado de la lesión muscular en una pierna que sufrió hace un mes.

El Cádiz parte de la base de haber dejado la puerta a cero en el envite de ida, el mismo método que empleó durante el play-off de la pasada campaña resuelto con el éxito de sobra conocido que impulsó al club a a categoría de plata. El reto con el que se presenta en Tenerife el 18-J es saber manejar esa renta corta pero valiosa dado el equilibrio reinante. Y no tener que acordarse del gol legal de Aridane -marcó de cabeza a la salida de un saque de esquina- que Arcediano Monescillo anuló en la ida de manera incompresible. No es lo mismo acudir con 1-0 que con 2-0. Pero es lo que hay.

No hay resquicio para el lamento. La concentración debe ser máxima en el examen más complicado que hay que aprobar para seguir vivo en la contienda por el billete que da acceso a la élite. Mantener intacta la portería y perforar la portería contraria son los objetivos prioritarios y si además ello supone el 0-1 mucho mejor, como un año atrás en Ferrol, Santander y Alicante. Un gol puede dejar tocado a un adversario que empezará el partido convencido de la remontada. Bastaría con el 1-1 cosechado en la Liga para volver a competir el próximo miércoles.

Los gaditanos fueron muy superiores en la ida pero la historia de hoy no tiene nada que ver. En su mejor partido del ejercicio 2016/17, arrinconaron al rival con una presión asfixiante pero lo dejaron escapar con vida. La renta es corta y el conjunto que hoy ejerce de anfitrión se mostrará mucho más ambicioso, obligado por las circunstancias. En el Carranza pagó cara su especulación pero hoy atacará por los extremos y por dentro, sin volverse loco a sabiendas de que le vale con un 1-0 para meterse en la final. El equipo de José Luis Martí tiene calidad y marca en casi todos los partidos en casa. La misión no es nada sencilla para un Cádiz abocado a ofrecer su versión más consistente, con un trabajo colectivo en bloque, sin fisuras en defensa y con clarividencia en labores ofensivas. El contragolpe emerge, hoy más que nunca, como una de las armas de destrucción masiva para prolongar el sueño del ascenso una semana más.

El conjunto amarillo afronta una prueba de fuego con la premisa de la valentía, el atrevimiento, con la bandera de la ambición, la mente fría y el corazón caliente en una guerra de nervios que ya afloraron hace tres días. El que muestre más templanza avanzará hacia el objetivo común por el que hoy se citan tinerfeños y gaditanos. En el Cádiz no dudan en colgar el cartel de favorito al rival. Los amarillos, en su temporada del regreso a Segunda A, no tienen presión aunque sí toda la ilusión del mundo por subir. Con humildad y ambición, una mezcla que hasta ahora ha funcionado a la perfección.

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