Cádiz CF

Parálisis en la adversidad

  • La nula capacidad de reacción cuando recibe un gol, las escasas ideas cuando tiene que llevar la iniciativa y la falta de puntería lastran a un equipo que sufre un preocupante bloqueo

Carrillo, en plena pugna con un jugador del Huesca durante el partido disputado en El Alcoraz. Carrillo, en plena pugna con un jugador del Huesca durante el partido disputado en El Alcoraz.

Carrillo, en plena pugna con un jugador del Huesca durante el partido disputado en El Alcoraz. / lof

Pocos, por no decir nadie, contaban con el complejo escenario que dibuja el Cádiz en sólo once jornadas de Liga. La dinámica, de indiscutible tendencia negativa, deriva en una crisis que combina malos resultados y un juego plano sin recursos más allá de la velocidad por las bandas. Siete jornadas consecutivas sin poner en práctica el verbo ganar son demasiadas para cualquier equipo, y más para uno que había arrancado la temporada como un cohete que le había propulsado hasta el liderato en el cuarto capítulo. Las expectativas generadas tras la excelente campaña anterior y el prometedor comienzo de la actual se desinflan con rapidez en las últimas semanas. Tres puntos de los últimos 21 es una cifra tan pobre que las luces de alarma saltan como un resorte a modo de aviso.

Con ese ritmo de producción tan lento ni siquiera sería posible mantener la categoría que tanto costó recuperar. Le necesidad de incrementar la cosecha adquiere tintes de urgencia.

La crisis se cuela en un vestuario que se conjura para salir cuanto antes del atolladero. Ni antes eran tan buenos ni ahora son tan malos. La cuestión es cómo hallar la puerta de salida del laberinto. Una labor colectiva. Es cosa de todos.

¿Qué le pasa al Cádiz? ¿Por qué ese taponamiento que le instala en una permanente caída libre? Cuando los resultados dejan de acompañar las causas hay que buscarlas en un conglomerado de factores desfavorables sin un orden concreto pero con vasos comunicantes entre ellos. Hay varias vías de agua.

Uno de los elementos adversos que emerge con fuerza es la limitada capacidad en ataque. Los rivales conocen de sobra la principal cualidad de los amarillos, que no es otra que la viveza por los costados, y se afanan en tapar los espacios. Cuando no funciona el juego por las bandas el atasco es monumental y las alternativas son escasas, casi nulas. Las llegadas al área son a cuentagotas y los remates brillan por su ausencia. Ese inconveniente va aparejado a la completa falta de reacción cuando el equipo va por debajo en el marcador. No brotan las ideas cuando hay que dar respuesta a un gol en contra. Las cuatro derrotas tienen como denominador común que el Cádiz siempre se queda a cero. Recibe un tanto y se acabó la historia. 1-0 contra el Oviedo en el Carlos Tartiere, 3-0 en Lorca, 0-2 frente al Osasuna y el reciente 1-0 en el campo del Huesca. La conclusión es que a día de hoy no sabe contrarrestar un marcador en contra. Lo volvió a demostrar en El Alcoraz cuando le tocó llevar la iniciativa en busca de un empate al que nunca llegó a acercarse. Todo quedó en una inocente tentativa.

La pobre cosecha goleadora es una losa cada vez más pesada. El Cádiz no perforó la portería en siete de sus once encuentros ligueros. Sólo fue capaz de dar en la diana en cuatro citas y por lo general suele crear pocas ocasiones. Es el equipo con menor aportación anotadora en número de jugadores. Sólo tres ven puerta hasta la fecha: David Barral -tres goles-, Álvaro García -dos- y José Ángel Carrillo -uno-. Siete tantos -uno en propia puerta- son pocos -un promedio de 0,6 por partido- para un equipo que pretende abrazar la salvación sin sufrimiento. Sin goles es imposible volver a la senda de la victoria y mucho menos evitar taquicardias.

El bajo estado de forma de numerosos jugadores cercena la evolución de un equipo atascado en una carretera plagada de dudas. Las lesiones impiden que futbolistas llamados a desempeñar un papel importante se desenvuelvan al cien por cien. José Mari empieza a entrar poco a poco después de superar sus problemas en un tobillo. Alberto Perea, que estrenó titularidad en el choque contra la cultural Leonesa -tras su particular pretemporada después de ser operado de apendicitis en verano- ve frenada su progresión con una sobrecarga que le impidió desplazarse a Huesca. Salvi, uno de los jugadores más en forma, tampoco estuvo en El Alcoraz por una pequeña rotura en un gemelo. Álvaro García no vive su mejor momento tras una lesión que ya dejó atrás. El delantero Dani Romera desaparece de las convocatorias sin un gol en su casillero. Barral pasa de marcar goles a no ver puerta y además relegado a la suplencia de manera un tanto extraña. Rubén Cruz, que también empezó a competir tarde por problemas físicos, no sólo no marca sino que aparece poco en el juego, muy lejos de su mejor versión. Abdullah no aprovecha sus frecuentes oportunidades en el once, como tampoco lo hace Aitor. Brian se parece poco al que el pasado ejercicio rindió a un elevado nivel que provocó su fichaje -estaba cedido por el Granada B-... Delanteros que en teoría parecían que iban a ser titulares chupan banquillo o grada y los teóricos suplentes sn los que salen de inicio. Ejemplo, Huesca.

Entre una cosa y otra, sólo se vio a un equipo solvente en las jornadas iniciales y en algunos momentos puntuales de los siete episodios restantes, como la primera parte del duelo ante el cuadro leonés. Poco más.

Los marcadores negativos se mezclan además con la mala suerte. La fortuna fue esquiva ante el Osasuna, cuando el Cádiz desperdició hasta tres lanzamientos de penalti en una situación pocas veces vista en un partido. Tampoco tuvo suerte cuando se quedó con un hombre menos en el primer periodo del envite contra el Numancia aunque la realidad es que la falta de acierto es la que conduce a los amarillos a la zona trasera enredado en un océano de interrogantes en busca de respuestas.

El otrora bloque compacto se resquebraja y ahora toca recomponer piezas para volver a encajar el puzzle. Una de las tareas inminentes que afronta el cuerpo técnico es ayudar a que los jugadores recuperen la confianza extraviada en el césped. Cuando el Cádiz se topó con ese madrugador tanto en contra en terreno oscense, intentó replicar en la segunda parte con empuje pero sin convencimiento, como si no creyera en la posibilidad de remontar o al menos de arañar un punto. La sensación que desprendió fue la de un equipo inferior a un rival seguro de sí mismo que, a diferencia de los gaditanos, sí supo qué hacer en cada momento.

Más allá del partido contra el Betis de la Copa del Rey, que se cuela en medio de la crisis cadista, el conjunto amarillo necesita con urgencia un triunfo que le permita respirar en la Liga. El encuentro del próximo sábado contra el Rayo Vallecano en el estadio Ramón de Carranza se presenta en el horizonte como un examen de mayor relevancia de la normal en la 12ª jornada. La victoria es un bien imprescindible para sumar tres puntos de una tacada, escalar algún puesto en la tabla, calmar los ánimos y recuperar la autoestima. La afición, curtida en mil batallas, es consciente de que en los momentos delicados, como el de ahora, es cuando el equipo más necesita el calor de los suyos. Todos juntos, cada uno en su sitio, en las buenas y en las malas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios