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Llueva o truene

  • Javier Carpio, que sólo se perdió el choque de Miranda de Ebro, es el jugador de campo que acumula más minutos del plantel. Curiosamente, el defensa no ha visto ni una amarilla.

Carpio inicia la carrera durante una sesión en El Rosal. Carpio inicia la carrera durante una sesión en El Rosal.

Carpio inicia la carrera durante una sesión en El Rosal. / fito carreto

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Javier Carpio se ha convertido en poco más de medio año en uno de los titulares fijos de la plantilla que dirige Álvaro Cervera. El salmantino, que se incorporó al Cádiz el pasado verano, le ganó la partida desde el principio a Juanjo y hoy por hoy, a pesar de la reciente llegada de Iván Malón en el mercado de invierno, su presencia en el once se antoja poco menos que indiscutible. Como quiera que cada aficionado lleva dentro a un entrenador, lo cierto es que podrá gustar más o menos, pero lo que no admite la menor duda es que se trata de un futbolista que siempre cumple con su cometido y los números, fríos en la misma medida que objetivos, ponen de manifiesto que la confianza que el entrenador ha depositado en él no encuentra justificación en la casualidad.

En efecto, el lateral derecho puede presumir de ser el jugador de campo que acumula más minutos sobre el césped en lo que va de temporada, ni más ni menos que 2.127, una cifra que no está al alcance de cualquiera y que le sitúa en las posiciones de privilegio del ránking de LaLiga 1|2|3. En total, ha participado en 24 de las 25 jornadas que se llevan disputadas hasta la fecha, perdiéndose únicamente el compromiso de la tercera, en la localidad burgalesa de Miranda de Ebro, por problemas físicos que le dejaron fuera de la convocatoria.

Al margen de la citada visita al Mirandés (3-2), el veterano zaguero siempre ha formado en el titular e integra por ello el selecto grupo de compontes del plantel que a estas alturas han superado o bordean la frontera de los 2.000 minutos en el campo. Así, sólo se halla por detrás del guardameta Alberto Cifuentes, que lo ha jugado todo, y antecede en esta particular clasificación a sus compañeros Aridane, que acumula 2.070 minutos en 23 partidos, también siempre como titular; Alfredo Ortuño, con algunos minutos menos, 2.061, pese a que ha tomado parte en 24 duelos, también siempre en el once, y Álvaro García, que lleva 1.997 en 23 encuentros, igualmente todos saltando a la cancha desde el principio.

Además de haberse ganado el puesto con su trabajo diario en las sesiones preparatorias y con sus actuaciones los fines de semana, Carpio suele permanecer sobre el terreno de juego hasta el pitido final, como demuestra el hecho de que únicamente haya sido sustituido en dos ocasiones. En la octava jornada, en Vallecas contra el Rayo (3-0), abandonó el campo en el minuto 62, con 1-0 en el marcador, para dejar su lugar a Gorka Santamaría, mientras que en la décima jornada, en Tenerife (1-1), lo hizo en el 87' para que entrara Aitor García cuando el equipo, ya con uno menos por expulsión de Ortuño, buscaba a la desesperada un empate que llegó en el tiempo añadido gracias a Santamaría.

Otro aspecto a tener en cuenta y que con toda seguridad agrada al entrenador es que, pese a la cantidad de minutos de que disfruta y a la delicada demarcación en la que se desenvuelve, el defensa castellano-leonés no ha visto en lo que va de curso ni una sola tarjeta. Para comprobar lo extraordinario del dato basta con compararlo con el resto de la línea de retaguardia, en donde todos los habituales han sido amonestados. Aridane encabeza la lista con ocho amarillas, mientras que a Sankaré le han mostrado cinco y en una ocasión incluso fue expulsado por doble amonestación, y Brian, con cuatro, se encuentra a una de la suspensión por acumulación. Incluso a Luis Ruiz, que totaliza sólo 429 minutos, le han enseñado dos cartulinas. De los compañeros de la zaga, sólo Servando, con 648 minutos, Migue, con 425, y Malón, con los 4 que completó el día de su debut en Carranza frente al Mirandés, tampoco han visto tarjetas.

Precisamente en ese choque Carpio demostró su capacidad de adaptación a las circunstancias cuando, en el minuto 87, ya con el 2-1 final, Cervera sustituyó a Salvi por Malón y el lateral derecho titular adelantó su posición para reforzar el centro del campo con el objetivo de amarrar los puntos. No obstante, aquella decisión fue algo puntual porque lo normal es que el salmantino no abandone su banda, desde donde se deja notar la jerarquía que le otorgan su carácter y experiencia, cumpliendo con creces en las labores de contención aunque prodigándose en ataque sólo en contadas ocasiones.

A sus 32 años, el defensa diestro vive una segunda juventud en la capital gaditana y, aunque no lo diga en voz alta, probablemente sueñe más que nadie con dar el salto a una máxima categoría que ha acariciado dos veces. En la temporada 2010-11, con el Elche, llegó a disputar la final del play-off ante el Granada y la pasada campaña ascendió con el Alavés pero no pudo disfrutar de la Primera División al fichar por el Cádiz.

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