Armonía entre dos aficiones hermanas

  • La hinchada cadista, en clara minoría fuera y dentro del estadio Heliodoro Rodríguez López, y la tinerfeña disfrutan de una alegre jornada de convivencia antes del partido

La fiesta del fútbol hirvió ayer con intensidad en la isla del Tenerife durante todo el día. Los aficionados cadistas arrancaron a mediodía, ocho horas antes del comienzo del partido, en la plaza de España de Santa Cruz, punto de encuentro en el que ya demostraron sus ganas de disfrutar de un día inolvidable. Gaditanos que residen en la isla, buena parte miembros de la peña Chicharros en amarillo, otros seguidores aterrizados desde la provincia de Cádiz, cadistas de la peña Paella amarilla de Villarreal, de la malagueña Malacadistas. De allí partieron a los exteriores del estadio Heliodoro Rodríguez López para degustar una paella -amarilla- promovida por las peñas tinerfeñistas Zoneros y César Gómez con la colaboración del club canario.

Allí se unieron más cadistas (llegados desde Córdoba, Sevilla, Madrid...) que no quisieron perderse una jornada de armoniosa convivencia con la afición chichacherra. Las dos hinchadas interpretaron a las mil maravillas el significado del deporte, de las relaciones cordiales entre las personas por encima de todo lo demás. El mensaje "que gane el mejor", ese tópico que nunca pasa de moda, se extendió como la pólvora mientras del gentío fue aumentado con el paso de la tarde. Cada uno con su equipo pero con un deseo común. El que pase la eliminatoria que tumbe al Getafe y suba a Primera División.

Bombo y caja incluido, el grueso de la hinchada cadista desgranó los temas más populares del Carnaval gaditano (Duros antiguos, Me han dicho que el amarillo...) seguidos por sonrientes aficionados insulares, que no dudaron en aplaudir después de cada copla. El buen ambiente reinó en los alrededores del estadio aunque el equipo amarillo, que llegó en autobús al Heliodoro, fue recibido con una sonora pitada y cánticos desagradables por parte de un pequeño sector de la hinchada local. Los incondicionales cadistas sí recibieron a su equipo como se merece con cánticos de ánimo. Ese instante derivó en el momento más desagradable cuando agentes policiales detuvieron durante un rato a Manuel, un seguidor cadista que lanzó una bengala de polvo de talco cuando apareció el autobús. Lleva dos años en la isla, ayer vibraba con ilusión pero la Policía le retiró la entrada de acceso al estadio. Una medida criticada por los aficionados que fueron testigos de lo sucedido, tantos cadistas como chicharreros. La creyeron desproporcionada. Manuel, desconsolado, no podía entender que por una acción inocente se perdiera el partido y además le cayera una multa. Ni él ni nadie.

Ya en el interior del estadio, por megafonía dieron la bienvenida a la afición cadista y agradecieron el trato recibido por los seguidores tinerfeños en Cádiz tres días atrás. Ovación de gala para los cadistas, que devolvieron los aplausos.

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