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El ángel de la guarda

  • Garrido, con 161 recuperaciones, es el futbolista de LaLiga 1|2|3 que más balones roba en el ecuador de la temporada

EL ÁNGEL DE LA GUARDA EL ÁNGEL DE LA GUARDA

EL ÁNGEL DE LA GUARDA / Garrido y Cervera se abrazan en una sesión del Cádiz en El Rosal

Detrás de la primera vuelta realizada por el Cádiz hay nombres que destacan por su actuación sobresaliente. Uno de ellos es Jon Ander Garrido, un auténtico especialista defensivo en el centro del campo que al cierre de la primera vuelta es el futbolista de LaLiga 1|2|3 que acumula más recuperaciones: un total de 161 durante los 1.685 minutos que ha estado sobre el césped en los 19 partidos que ha disputado. El vasco promedia 8,4 recuperaciones por encuentro y es considerado un hombre fundamental por Álvaro Cervera en la función de pivote defensivo. Le sigue en el escalafón de balones robados al contrario Aitor Sanz, del Tenerife, con 159, y Rubén Alcaraz (Almería), que suma 157, los mismos que Laure (Alcorcón).

El ex del Barakaldo es todo un pulmón en la medular. Aporta el trabajo de destrucción que todo equipo necesita en esa zona y además se permite el lujo de marcar.

Garrido vive un momento dulce en el Cádiz, quizás el mejor de su carrera como futbolista en su quinta campaña con el escudo en su pecho. El medio disfruta de su segunda temporada en la categoría de plata, en la que debutó vestido de amarillo y azul en agosto de 2016. No pudo participar en el ascenso a Segunda A -estaba cedido en el Ferrol- y ahora esté empeñado en contribuir a dar el salto a Primera. Jugar en la élite con el Cádiz es el sueño que quiere cumplir. Vio cerca el ascenso a Primera y ahora de nuevo se mueve en la cima. Sus prestaciones son fundamentales en el esquema de juego de Álvaro Cervera. Cuando el técnico lo vio en los entrenamientos de la pretemporada de regreso a Segunda A, enseguida tuvo claro que quería contar con sus servicios. No lo iba a dejar escapar. Todo lo contrario. Iba a ser el obrero del centro del campo, el encargado del mantenimiento del edificio.

No deslumbra con su juego, pero su efectividad es máxima en la labor que tiene encomendada. Conoce mejor que nadie sus virtudes y sus limitaciones. Rara vez es suplente si está apto para participar. De hecho, es el miembro de la plantilla que acumula más minutos este curso entre la Liga y la Copa del Rey: 1920.

Si por algo destaca es por aburrir a los arquitectos del equipo que está enfrente. Gladiador en la medular, no deja pasar una. Va siempre a por todas. Siempre a tope a por el balón.

Garrido es una pieza clave en el sistema. Con su trabajo de destrucción aporta el equilibrio que todo equipo necesita. Trabajador silencioso, apaga fuegos allá donde es preciso. Siempre acude a tapar los huecos que puedan dejar sus compañeros cuando se incorporan al ataque. De pronto aparece en un costado para frenar una acometida que rebaña la pelota para desbaratar una pase peligroso del rival. Siempre atento, ávido lector del juego, con un milimétrico rigor táctico que le lleva a saber qué hacer en cada momento. Ejerce de pegamento del equipo, echa una mano allá donde haga falta y nunca falta en la defensa cuando más aprieta el adversario. Fiel escudero en cualquier posición y además hasta contribuye hasta en el apartado del gol. El vasco abrió la lata en El Molinón -victoria por 0-3- con un certero cabezazo a la salida de un saque de esquina, en una demostración de su poderío en el juego aéreo. Y en Tenerife soltó un derechazo lejano que sorprendió por alto al cancerbero. Fue su tercera diana en la división de plata después de aquella que firmó frente al Numancia en el tiempo de prolongación para dar la victoria al Cádiz la pasada temporada.

La circulación del esférico no es su punto más fuerte pero no lo rehuye cuando le toca hacerlo, con la virtud de que nunca se complica la vida en una faceta que no es la suya.

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