El sexto sentido de la Policía

  • Once perros integran la Unidad Especializada de Guías Caninos del Cuerpo Nacional de Policía, que tiene su base en el Polígono de Tiro Janer ubicado en la curva de Torregorda

Argos es un perro de poco más de un año, de raza golden retriever, que se entrena desde hace unos tres meses en la Unidad Especializada de Guías Caninos que el Cuerpo Nacional de Policía posee en Cádiz. Todavía en fase de adiestramiento, el can se está ahora preparando para la que será su futura especialidad: detectar explosivos. Lo hace jugando con su cuidador, el policía al que acompañará en todas las misiones que les asignen cuando su preparación se complete y esté suficientemente preparado para ello. Las prácticas, de momento, demuestran que su camino es el correcto: el policía le enseña un juguete -una pelota o un rodillo de material plástico- que el animal sabe que podrá coger y morder a su antojo si hace bien su trabajo, que consiste en encontrar un pequeño trozo de goma dos oculto en algún lugar de un coche. El perro corre hacia el vehículo, lo rodea, husmea a fondo y se sienta en un punto determinado mirando a su cuidador. Éste ya sabe que el can está marcando el lugar en el que se encuentra el explosivo. "Bien, Argos, bien", le grita mientras le tira el juguete, su premio, hacia el que el perro trota triunfante.

Esta unidad canina provincial, junto a otra que existe en Algeciras para el Campo de Gibraltar, se creó en Cádiz hace dos años. Su primera ubicación fue en San Fernando, en La Carraca, en unas instalaciones cedidas por el Tercio de la Armada, hasta que hace unos meses se trasladaron al término municipal de Cádiz aunque también a medio camino de La Isla, en Torregorda, en el antiguo Polígono de Tiro Janer, igualmente de la Armada. La unidad cuenta aquí con espacio suficiente, incluidas algunas edificaciones sin uso, para el adiestramiento diario de los once perros que integran el grupo.

Cuatro funcionarios policiales -Francisco Javier, Ricardo, Pedro y Andrés- componen una unidad cuya labor es tan fundamental que al menos dos de estos agentes deben, por turnos, estar localizados las 24 horas del día. Su trabajo tiene una parte programada y prevista, como la inspección de edificios y lugares en los que se va a celebrar algún acto público susceptible de ser blanco terrorista, y otra imprevisible que es la que les obliga a estar de guardia pues su presencia puede ser demandada en cualquier momento del día o la noche: una amenaza de bomba, un vehículo sospechoso o un registro con orden judicial en casos de narcotráfico.

Pero antes de que un policía empiece a intervenir en estas misiones oficiales debe cumplir con un periodo de formación, de unos cinco meses de duración, en el que el funcionario se prepara en todos los ámbitos posibles para su futura labor: incluso recibe algunas nociones veterinarias para hacer frente a afecciones leves de su perro.

El animal, por su parte, también debe afrontar un periodo de adiestramiento, más variable en su duración pues depende de sus actitudes y progresos, y que arranca junto al policía que será su guía y cuidador. Los perros son seleccionados en Madrid en un proceso en el que se tiene muy en cuenta una actitud fundamental, además de su instinto, la del juego. Todo el adiestramiento del perro y su posterior trabajo se basará en este deseo de jugar con su cuidador y de recibir su premio. Lo recalcan mucho sus cuidadores, que de esta manera tratan de acabar con el mito, más bien el infundio, de que a los perros se les mezcla droga con comida para que aprendan a detectar estas sustancias. Los animales sólo comen pienso, alrededor de medio kilo al día, casi seis kilos de comida en el caso de Cádiz.

Lo que sí es diferente es la preparación del perro según la especialidad para la que se vaya a adiestrar, pues distinta debe ser, sobre todo, la respuesta del animal. No es lo mismo buscar droga que explosivos. El can puede, cuando localiza alguna sustancia estupefaciente, arañar el lugar donde está escondido y hasta morder el paquete con la droga si lo encuentra. Será su manera de comunicar a su cuidador que su olfato no ha fallado. Pero el perro que se especialice en el hallazgo de explosivos debe ser lógicamente más cauto, por lo que se le enseña a buscar de una manera más pausada y menos impulsiva y, sobre todo, a sentarse junto al explosivo y mirar al policía para marcar de esta manera el hallazgo.

Durante el periodo de adiestramiento, los cuidadores tratan de que los perros vayan afinando su olfato hasta que son capaces de detectar cualquier tipo de droga o explosivo y de hacerlo, además, con cantidades cada vez más pequeñas. Este servicio se mantiene alerta a la incorporación de nuevos explosivos por parte de los comandos terroristas, de manera que cuando se tiene conocimiento de que van innovando, como ha ocurrido hace unos días con ETA, se recibe enseguida muestras del nuevo explosivo para que los perros lo conozcan.

Argos, Kichy, Hutch o Rocker son los nombres de cuatro de los once perros con que cuenta la unidad en Cádiz, en sus instalaciones de Torregorda. Los hay de varias razas, aunque abunda el pastor alemán y el labrador, y hay hasta una madre y su hija.

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