Un pregón del siglo XXI

  • José Blas Fernández incide en los problemas de la sociedad y en la defensa de la Iglesia y las cofradías en un pregón que incluyó un montaje audiovisual y una coral

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No hubo adjetivos exagerados, ni recreaciones de momentos, ni exaltación del cargador. Tampoco piropos fáciles, ni alegorías entrevesadas, ni llamadas al corazón. Anunció que no sería populista. Y así fue. José Blas Fernández apostó por un pregón de la Semana Santa más catequético y evangélico que cofrade. Más actual que atemporal. Y reivindicativo, muy reivindicativo. Un pregón del siglo XXI en el que por primera vez la voz del pregonero se intercalaba con un montaje audiovisual -dedicado a su Cristo de la Piedad y con una peculiar saeta de Diana Navarro como banda sonora- o con las obras de la Coral Canticum Novum.

José Blas Fernández empleó una hora y tres cuartos en anunciar la Pasión de Cristo el año del Bicentenario. Y lo hizo mencionando una a una las hermandades de penitencia según el orden cronológico de la Semana Santa -salvo la cofradía de Descendimiento, que fue la única ausente en su intervención e incluyendo El Perdón en la nómina del Viernes Santo-. A algunas de estas imágenes dedicó unos versos o una mención especial. Principalmente a Piedad, su cofradía, a la que dedicó un capítulo del texto en el que incluyó el audiovisual y la primera de las intervenciones de la coral. También fue destacada la referencia a Borriquita, La Palma, Buen Fin, Las Aguas, Nazareno, Buena Muerte o Dolores de Servitas.

A lo largo de su intervención, Fernández hizo una encendida defensa de la Iglesia y de la actualidad de las cofradías, incidiendo sobre la falta de valores de la sociedad actual y sobre las críticas que reciben las instituciones religiosas. "Cuántas veces las cofradías y los cofrades somos burlas de quienes nos ven desde su despreciable perspectiva (...). Nos ven como a personajes trasnochados que solo sacamos nuestros pasos para nos vean en las calles en ese culto externo al que ellos tanto critican, pero no ven (porque no les interesa) cómo colaboramos en comedores sociales, cómo ayudamos a nuestros hermanos más cercanos en alquileres de sus viviendas, en alimentos, educación y tantas otras cosas que no decimos. Pero esos son los que a nuestra costa hacen en este Gran Teatro Falla una letrilla fácil, porque no saben hacer otra cosa, o desde sus blogs se esconden en el anonimato... ¡Basta ya!", exclamó el pregonero al inicio de su intervención, en una de las distintas ocasiones en las que abordó este tema. En otro momento, dijo: "En los últimos años existe un fuerte ataque muy revanchista, insidioso y perjudicando a tu Iglesia y, precisamente, este ataque lo que persigue es apartar a esos más de 1.200 millones de católicos bautizados. ¿Por qué, Señor? ¿Cuál es el objetivo? ¿Por qué nos atacan", desgranando a continuación una serie de cifras sobre la labor de la Iglesia en educación o en atención a los necesitados.

En este punto, tampoco obvió el pregonero cierto mensaje hacia los propios cofrades, afirmando que las hermandades "deben imponer respeto en las calles, la devoción no tiene por qué ser una demostración de fuerza ni de fiesta (...). No debemos competir como si de un trofeo se tratara". Ni tampoco asuntos como el aborto o la polémica de los crucifijos.

El texto de Fernández recordó también a numerosos cofrades con los que él tuvo relación. Algunos de ellos ya fallecidos (Evelio Ingunza, Pablo Chaves, el hermano Molina, Bernardo Periñán, el padre Vicente o Domingo Enrique Tejada, entre otros) y otros de alguna forma retirados de la actualidad cofrade (como Carlos Álvarez Rojas, Paco Molina o el padre Feliciano).

La juventud, las vocaciones sacerdotales y, como no, el Bicentenario de la Constitución de 1812 fueron otros de los contenidos del pregón de José Blas Fernández. Curiosamente, con respecto a esto último, el pregonero se centró -casi al final de su intervención- en la Semana Santa de Paraguay, donde dijo que la Pasión de Cristo "se vive tanto o más que aquí".

En torno a las dos y diez de la tarde, esta catequesis preparatoria para el Domingo de Ramos que José Blas Fernández desgranó sobre el escenario del Falla -exornado con la simulación del paso de misterio de Piedad, que incluía dos de sus faroles, una cruz, la Magdalena y los ropajes de la Virgen y de San Juan; y con los reposteros de la ciudad y del Consejo de Hermandades- llegaba a su fin. Un pregón del siglo XXI poco populista y lleno de mensajes y contenidos.

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