La plaza de la vergüenza

  • El parón no se ha aprovechado para adelantar proyectos

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La reunión de ayer en el Ayuntamiento de Cádiz, para hablar sobre Plaza de Sevilla, no debería de haberse producido. O por lo menos, debería de haberse dedicado a analizar el desarrollo de la obra: de cómo había quedado la nueva avenida, del diseño del parque de la muralla o la inauguración de la estación de autobuses, la pronta apertura del complejo de la Tesorería y el retorno de la Aduana a renovada sede…

Si la lógica hubiese imperado en el Plan Plaza de Sevilla, en lugar de hablar ahora de cómo se va a sacar adelante esta obra, estaríamos viendo los resultados de cuatro años de trabajos continuados, los mismos que este proyecto, tan esencial para esta ciudad, lleva empantanado. Y, sin embargo, todo sigue como hasta ahora: paralizado.

La pasada semana representantes de la Junta y el Ayuntamiento afirmaban a este diario que del encuentro de ayer saldrían grandes novedades. "Un impulso final", decían. Pues lo que ha salido es un "dejémoslo para otro día" y una convocatoria para dentro de un mes cuando, anuncian ahora, se fijará un calendario. Como si en estos meses, años, unos y otros no hubieran tenido oportunidad de aclarar diseños, fechas y costes.

Si no fuera porque el tiempo ya se le ha echado encima, el Plan Plaza de Sevilla se uniría sin mayor trascendencia a otras grandes operaciones urbanísticas de la ciudad, de esas que dicen que son tan "esenciales" para nuestro futuro, que agotan al ciudadano por su lentitud de gestión: los nuevos hoteles, la Ciudad de la Justicia, la ampliación del Museo, la remodelación del polígono industrial…

Sin embargo, la ubicación de esta plaza en pleno acceso al caso histórico y su configuración como conexión con el segundo puente, ya en construcción, debería de haber obligado a las administraciones a priorizar este planeamiento. Mucho deberá cambiar el funcionamiento de la administración pública para conseguir que en apenas tres años, pensando siempre en el Doce, todo o buena parte de este proyecto esté ejecutado. Pero la cosa huele a caos y fracaso.

Cuando la Junta paró el Plan municipal, hace cerca de cuatro años por considerar que los pisos y la altura de los bloques chocaban con la legalidad urbanística (¿hubiera pasado lo mismo ante un Ayuntamiento no gobernado por el PP?, cuando la propia administración construye pisos de realojo en Cortadura a pie mismo de las vías del tren), en el equipo de gobierno del Ayuntamiento se produjo un debate sobre si acatar la decisión de Obras Públicas o tirar para adelante e iniciar las obras de la remodelación de la carretera industrial. A la vista está que nada se hizo. Como tampoco se aprovechó el tiempo para buscar alternativas para trasladar el edificio de la Aduana (que ya podría estar reubicado y el viejo edificio derribado), o haber diseñado el aparcamiento subterráneo (y adjudicar su obra ya). Y ya puestos: se podía haber construido el nuevo parque con lo que ahora Adif no tendría excusa, lógica, para retrasar la apertura de los edificios que completan la terminal férrea y que están terminados desde hace tres años.

El Plan Plaza de Sevilla ha sido un cúmulo despropósitos e incompetencia de todas las administraciones implicadas. Todo ante el silencio de la mayoría de los ciudadano ignorantes de la importancia vital de este proyecto. Viendo lo que le queda a esta ciudad de cara al Doce (castillos, equipamientos culturales, centros judiciales y educativos…) sólo cabe esperar que haya servido de lección.

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