"Nunca pensé que la fábrica iba a llegar a esta situación"

  • Tres cigarreras, una prejubilada, hablan del impacto del ERE

Tres mujeres. Tres vidas. Tres mundos. Y, sin embargo, la complicidad tarda segundos en llegar. En común tienen una vida dedicada al tabaco, primero en la fábrica de Plocia y luego en la de Zona Franca. Trabajadoras que son parte de una historia que languidece a golpe de regulaciones de empleo.

teresa jiménez

69 años. Prejubilada hace nueve

"Éramos las niñas de Tabacalera. Había muchas risas y solidaridad"

En su carácter alegre hay algo más que genes andaluces. Hay vida, sentimiento, recuerdos felices, duros pero felices. A sus -muy bien llevados- 69 años, nueve de ellos como prejubilada de Altadis, Teresa Jiménez reconoce que no se imaginaba que la fábrica "iba a llegar a la situación" en la que está ahora. Pasó la mayor parte de su vida laboral en Plocia, donde también estuvieron su madre y su abuela, y de la antigua fábrica recuerda, una y otra vez, las "risas" con que las "niñas de Tabacalera" llenaban sus jornadas. Hombres y mujeres cobraban lo mismo, unas 15 pesetas en sus comienzos, pero Tere puntualiza: "Nosotras trabajábamos más". Era un dinero bueno y fijo, envidiado en un país pobre, lo que hacía que el salario del tabaco sustentara a muchas familias en Cádiz. Para esta cigarrera de pura cepa, desde el traslado a Zona Franca se ha perdido mucho más que empleos: la compenetración, el íntimo compañerismo, casi familiar, que había en la fábrica antigua, donde nunca faltaba una mano para ayudar o un pie para acunar al bebé de una compañera.

antonia ruiz

50 años, 31 en la fábrica. Almacén

"Ahora mismo no me puedo plantear si aceptaría un traslado"

Por una diferencia mínima de meses, Antonia Ruiz no entrará en el plan de prejubilaciones de Imperial Tobacco. Tiene 50 años, más de la mitad en la fábrica de tabacos y aunque sabe que no saldrá por la vía de la jubilación anticipada, teme que para ella haya una puerta abierta en forma de traslado. La decisión, en su caso, es hoy una incógnita: "Ahora mismo no puedo planteármelo", asegura Antonia, trabajadora de los Almacenes de Productos Terminados (APT), a la que llegó tras el cierre de la fábrica de cigarros. Como la mayoría entró siguiendo la tradición familiar de su madre y ahora es testigo del languidecer de esta industria. "Me da mucha pena por la cantidad de compañeros que se van". ERE tras ERE la plantilla ha mermado, pero Antonia siente que ha habido un "agravio comparativo" porque en el último hubo prejubilaciones a los 50 años y en este caso se plantean para mayores de 52.

teresa ruiz

49 años, 30 en la fábrica. Carretillera

"Fue una alegría entrar en Plocia; era un trabajo para toda la vida"

Podría decirse que una amiga bien vale un trabajo. Accedió a la fábrica gracias a un contacto y para ella fue "una gran alegría". Había conseguido "un trabajo para toda la vida". Entró al servicio de limpieza y después pasó a carretillera, puesto en el que lleva 19 años. Como Antonia y su tocaya, recuerda el buen ambiente, favorecido porque los puestos de trabajo estaban frente a frente. "Ahora con el ruido no se escucha nada". Antonia es hoy la última cigarrera de un grupo de seis que fue desmembrándose con cada ERE. Esta vez tampoco ha llegado su momento. "Yo hago de tripas corazón, sé que me tengo que quedar, a ver si al próximo". Su mayor temor ahora, como Antonia, es un posible traslado, pero en su caso tiene claro que debería aceptarlo. Son ella y su hija. Pese a que el momento es duro, mantiene, como sus compañeras, un poso de esperanza.

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