Una matanza acabó con la revuelta de Casas Viejas

Rágica jornada revolucionaria. 22 muertos, varios heridos y multitud de detenidos es el trágico balance de la revuelta campesina ocurrida en la aldea de Casas Viejas. Los hechos tuvieron lugar cuando un numeroso grupo de campesinos, siguiendo instrucciones del partido anarquista, se presentaron ante el alcalde pedáneo, el zapatero Juan Bascuñana, y le comunicaron que había dejado de ser alcalde porque había sido proclamado el comunismo libertario y exigían las armas del cuartelillo de la Guardia Civil. Hacia allí se dirigieron los anarquistas cercando a los tres guardias. Al asomarse el sargento, fue alcanzado por un tiro en la cabeza. Poco más tarde llegaron desde Medina Sidonia refuerzos de la Guardia Civil, que entraron en el pueblo abriéndose paso a tiros hasta llegar al cuartelillo, donde quedaron refugiados en espera de nuevas ayudas. Por la tarde, el gobernador civil envió a la Fuerza de Asalto al mando del teniente Fernández Artal. Los guardias consiguieron abrirse camino por el pueblo, practicando detenciones hasta llegar a una choza donde se había refugiado un campesino llamado Seisdedos con cinco amigos, dos mujeres y un joven de trece años.

El teniente Artal envió un parlamentario que fue abatido a tiros. Después envió a un prisionero para que convenciera a Seisdedos de lo inútil de la resistencia, pero al llegar a la choza, se unió a los resistentes. El mando de los guardias de asalto pidió entonces refuerzos al gobernador civil, quedando a la expectativa. A la mañana siguiente llegó el capitán de la Guardia de Asalto, Manuel Rojas, con noventa guardias que cercaron la choza de Seisdedos. Un enviado del gobernador, Fernando Arrigunaga, comunicó la orden de arrasar la choza y de no hacer prisioneros. Con bombas de mano se procedió a incendiar la choza, saliendo en primer lugar una mujer y un niño que salvaron sus vidas. El resto permaneció dentro quedando abrasados. El capitán Rojas reunió en la plaza del pueblo a los guardias explicando el desarrollo de los sucesos y les ordenó que hicieran una razzia y le llevasen algunos detenidos.

Durante el juicio, los guardias afirmaron que la consigna era de tiros a la barriga

Doce personas fueron llevadas entonces a la corraleta de la casa de Seisdedos, donde estaba el cadáver de un guardia. El capitán dijo a los campesinos que pasaran y que miraran atentamente el cadáver del guardia de asalto que allí había. Cuando entraron todos los detenidos ordenó abrir fuego.

Así lo hicieron los guardias de asalto y dos guardias civiles.

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