cambio de uso de un equipamiento

¿Qué hacemos en el Balneario de la Palma?

  • Unos añoran los tiempos en los que albergaba banquetes y bailes

  • Otros ven en él un spa o un centro de estudio

  • El debate sobre el emblemático edificio de La Caleta está abierto

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Cuando Junta y Ayuntamiento se han puesto ya de acuerdo en que al Balneario de La Palma hay que darle otro uso más ciudadano y han acordado el traslado del Centro de Arqueología Subacuática (CAS) a otro lugar -no se sabe aún cual- el debate sobre qué fin hay que darle al edificio está en la calle.

Han sido ya al menos dos las veces las que el alcalde ha dejado caer públicamente que el emblemático inmueble de La Caleta tendrá un uso hostelero, pero hasta el momento no se saben más detalles de los planes que barajan el equipo de Gobierno y el Ejecutivo andaluz. Así que un pequeño sondeo entre algunos de los vecinos y los ciudadanos que viven a diario la playa depara unos resultados variopintos. Salvo alguno que todavía es partidario de demoler el edificio -una propuesta afortunadamente imposible desde su declaración como Bien de Interés Cultural (BIC) en 1990- hay consultados que apuestan por que esta singular construcción de 1926 recupere algunos de sus antiguos usos, ya sea como establecimiento de servicios de playa o como restaurante y lugar de celebración de banquetes y bailes.

En su origen, el Balneario de Nuestra Señora de la Palma y del Real era en la práctica la puerta oficial de La Caleta. Por unas pesetas era posible alquilar durante todo el día una cabina donde cambiarse, guardar la ropa y ducharse. Ya a finales de los 50 se convirtió en un establecimiento hostelero que los mayores recuerdan con nostalgia.

Otros encuestados aportan propuestas nuevas. Hay quien ve en el inmueble un lugar excelente para que se instale un centro de bienestar dedicado a la talasoterapia o un pequeño spa con encanto. Y quien lo reclama como centro de ocio y estudio para los alumnos de la Universidad de Cádiz, pero tampoco descarta el establecimiento hostelero. Eso sí, de calidad y capaz de generar atractivo turístico a nivel nacional y, por qué no, internacional, y empleo.

También hay quien conoce y valora la labor del CAS y por eso es partidario de que no cambie de ubicación. Por último, alguien apela al sentido común: si todavía no hay un proyecto alternativo, por qué se plantea el traslado. Que lo presenten ya y lo votamos.

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