"Que ganan poco, ¿no? Que me pregunten a mí qué es ganar poco"

  • La protesta de los jueces no cala en los negocios de los alrededores de los juzgados

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Jornada de puertas cerradas. En el arco de detección me identifico. Soy periodista. "Si es usted periodista, no puede entrar", informa el guardia civil mientras intenta detectar qué es lo que pita. "Bueno, a veces, también soy ciudadano". Lo que pita es el mechero. "Entonces puede entrar como ciudadano". Entro como ciudadano en los juzgados de San José, que a las doce la mañana son como un bloque en alquiler. No hay un alma. Un gran cartel informa de los derechos del ciudadano. Como soy ciudadano, leo: derecho a una justicia rápida, tal y tal. Los despachos están cerrados. Tras ellos, dicen que hay gente, incluso jueces, trabajando. Es una huelga extraña. En la calle se concentran los jueces pero nadie grita "fulano, inepto". Todos tan formales... son jueces.

Una prueba de campo. Mientras se lee el manifiesto, acudo a la frutería de al lado. La pregunta es: ¿por qué los jueces están de huelga? La respuesta del frutero es: "¿Qué los jueces están de huelga? Qué cosa más rara". Explico al frutero por encima lo que sucede. "Mire, bastantes problemas tengo con mi trabajo como para preocuparme con los problemas que tienen los demás en sus trabajos". La florista de La Rosa Gaditana observa la concentración con perplejidad: "Sí, sabía que había huelga, pero es que hay tantas noticias todos los días que en ésa no me había fijado".

Roberto, que regenta un negocio de compra venta de oro junto a los juzgados, avisa que es de Málaga y estas cosas le escaman, "que allí estamos muy acostumbrados a los jueces que son amigos de los políticos y de los empresarios". Los motivos de la huelga se las conoce al dedillo porque "yo tenía que haber sido periodista". Los motivos, por favor. "¿No serán los motivos que ganan mucha pasta y les jode que les recriminen cuando se equivocan, como lo del caso Mariluz? ¿Que tienen mucho trabajo? Pues que no se quejen, que hay mucha gente que no tiene mucho trabajo, que no tiene nada de trabajo". Tras la andanada de Roberto, en el bar Acuario los camareros son más comprensivos: "Tienen su derecho, que es como si quisieran equipararlos con los políticos. Y ellos no son políticos. Que hagan huelga, claro que sí".

El trabajo de campo acaba en Río Saja, el bar que está enfrente de la Audiencia. "Si se tiran aquí hora y media desayunando", dice un parroquiano cuya vida parece desfilar ante los ventanales del bar. Otro entra en la conversación señalándome con un tenedor lleno de ensaladilla: "Que ganan poco, ¿no? Que me pregunten a mí lo que es ganar poco". Y todo se interrumpe porque en la tele empieza una animada tertulia sobre los crímenes del día.

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